Seguidores

lunes, 11 de marzo de 2013

Batalla de Umachiri Perú 1814


11 de marzo de 1814.-

 
         Se produce el enfrentamiento bélico que constituyó el punto culminante de la revolución independentista del brigadier Mateo Pumacahua, la batalla de Umachiri,  la victoria realista significó el fin de la rebelión y el apresamiento y ejecución de sus principales líderes.

      Tras el establecimiento de un gobierno provisional los revolucionarios enviaron tres expediciones militares hacia Huamanga, La Paz y Arequipa, en esta última ciudad Pumacahua derrotó a las fuerzas realistas en la Batalla de la Apacheta y tomo prisioneros al intendente Moscoso y al mariscal de campo Francisco Picoaga, oficial destacado en las campañas en el Alto Perú. El 19 de enero los rebeldes fusilaron a Moscoso y Picoaga.



Mapa de 1780 del Virreinato del Perú.

      El ejército rebelde estaba compuesto, en su casi totalidad, por una masa entusiasta y numerosa de campesinos que según Pumacahua alcanzaban los 14.000 hombres y que testimonios realistas hacen subir a 20.000 pero carente de armas e instrucción militar, solo entre 500 y 800 de ellos contaban con fusiles mientras que el resto se encontraban armados de lanzas, macanas, hondas y garrotes.
La división del Ejército Real del Perú al mando de Ramírez contaba con aproximadamente 1.300 soldados del Regimiento 1° de Infantería de Línea del Cuzco, veterano del teatro de guerra en el Alto Perú frente a los patriotas argentinos, donde había combatido al mando del finado mariscal Francisco Picoaga por lo que sus oficiales y soldados se encontraban ansiosos por vengar a su antiguo jefe. Aunque ampliamente superado en número el general Ramirez confiaba en la disciplina, preparación y táctica de sus tropas americanas.



Brigadier Juan Ramírez Orozco hacia el final de su vida.

      El 10 de marzo ambas fuerzas quedaron frente a frente encontrándose separadas por el río Ayaviri que se encontraba crecido por las recientes lluvias y solo intercambiaron algunos tiros de artillería tomando posiciones de combate, pero sería Ramírez quien mediante una hábil estratagema decidiría las acciones.



Granadero del Ejército Real del Perú.



     A las 3 de la tarde del 11 de marzo, el brigadier Ramírez condujo personalmente a sus soldados, con los fusiles y cartucheras sobre la nuca y el agua hasta las axilas, a través del río Llalli pequeño pero crecido y pedregoso, a costa de seis de ellos que perecieron ahogados las tropas reales lograron alcanzar la otra orilla; tomando de flanco a los rebeldes los granaderos realistas les dispersaron mediante algunas descargas cerradas.


Uniformes del Ejército del Alto Perú.

     Mientras tanto un grupo de 500 hombres montados asaltó el campamento realista por retaguardia, organizó la defensa el capellán del ejército quien con los soldados que habían quedado, arrieros e incluso rabonas logró instalar un cañón en un morro rechazando a los atacantes.
El resto del ejército real pasó el río al borde del atardecer cayendo a saco sobre los desorganizados rebeldes y causando una gran mortandad. Los principales líderes sobrevivientes fueron capturados entre ellos Mateo Pumacahua, los hermanos Vicente y Mariano Angulo y el joven poeta Mariano Melgar uno de los más entusiastas combatientes de la revolución que habíase unido al ejército de Pumacahua ostentado el cargo de Auditor de Guerra.



Mariano Melgar, joven poeta revolucionario ejecutado después de la batalla.

     Al día siguiente fueron fusilados en el mismo campo de batalla varios de los prisioneros entre ellos Melgar, Pumacahua (a quien se condenó a morir decapitado y que declaró en el juicio que creia que Fernando VII había muerto, y había sido engañado por los hermanos Angulos... en fin, un chico valiente) y algunos otros fueron ejecutados después, finalizando así la rebelión.


sábado, 9 de marzo de 2013

Gálvez desembarca en la isla de Santa Rosa 1781.


 9 de marzo de 1781.-


     En la madrugada del 8 al 9 de marzo, la escuadra española al mando de Bernardo de Gálvez avista la isla de Santa Rosa, dentro de la campaña de la conquista de Pensacola. La fragata inglesa Mentor, que guardaba la entrada a ala bahía junto con la Port Royal, los descubrió y disparó siete cañonazos de aviso a la guarnición británica de Pensacola, estos barcos se retiraron por la presión de los barcos españoles y se concentran en las proximidades del puerto en el interior. Embarcados en el Mentor iban como infantes de marina tropas de los legitimistas de Maryland, los legitimistas eran norteamericanos leales a la corona inglesa.



 
Bernardo de Gálvez y Madrid.


     Enterado el General en Jefe de la plaza, Campbell, de la presencia española en la zona, colocó a sus fuerzas en estado de alerta y dispuso que un buque, al amparo de la oscuridad para burlar a los barcos españoles, se dirigiese a Jamaica a solicitar refuerzos al Almirante Parker, jefe de la escuadra británica allí estacionada, y al General Dalling, gobernador de la isla. Esa misma noche, el bergantín británico "Childers" parte a Jamaica en busca de unos refuerzos que nunca llegarían.


Mapa de la península de Pensacola y la isla de Santa Rosa.



     A pesar de la desesperada petición de refuerzos, Campbell escribió por estos días al jefe de las fuerzas británicas en América, Teniente General Henry Clinton, manifestando su desprecio por los españoles que iban a atacarle, ya que dentro del ejército español estan integrados una compañía de las Milicias de color de Nueva Orleans y un batallón de Morenos libres de la Habana, integrados sus fuerzas por hombres de piel negra, no tardaría el inglés en tener una adecuada respuesta.



Unidades españolas del ejército de Gálvez: Fusilero de Montaña, Dragón Rtgo. de América, Dragón del Rtgo. de México, Milicias de color de N. Orleans y soldado del Bon. de Morenos libres de La Habana.


     Gálvez ordenó  que el desembarco se efectuara de noche, a partir del toque de oración, los granaderos y cazadores serían los primeros en desembarcar y cada soldado debería llevar municiones y víveres para tres días, pues se desconocía la cqntidad de fuerzas enemigas que había en la isla, y si los combates iban a prolongarse por mucho tiempo. Las tropas que debían encabezar el desembarco tendrían que reunirse en torno al navío San Ramón cuando éste encendiera como señal dos faroles en su popa.




La escuadra española fondeada en la isla de Santa Rosa.


      A las ocho de la tarde del día 9 se encienden los faroles y se concentran los granaderos de Infantería de Marina y los cazadores en torno al navío, van a las órdenes del coronel Francisco Longoria, jefe del Regimiento de Aragón.  Gálvez se pone a su cabeza y se realiza el desembarco sin ninguna oposición del enemigo, a unos 15 Kilómetros al este de Punta Sigüenza. Inmediatamente ordena akl coronel que manda las tropas que inicie la marcha hacia la citada Punta para tomar la batería enemiga que estaba allí destacada, y de inmediato vuelve al navío San Ramón para agilizar el desembarco del resto de las tropas.


Desembarco del ejército español.



                       A medianoche ya se encuentran todas las tropas españolas en tierra.




viernes, 8 de marzo de 2013

Rebelión de Boné, Alicante 1844


8 de marzo de 1844.-



      En Alicante se produce un alzamiento liberal conocido como Rebelión de Boné. La rebelión de Boné fue una sublevación surgida en la ciudad de Alicante (España), durante la regencia de Espartero. La rebelión, liderada por el coronel de caballería y comandante de carabineros Pantaleón Boné, consistió en el levantamiento popular de ciudadanos liberales progresistas, que exigían una serie de mejoras políticas, económicas y sociales frente al autoritarismo que adquiría el mandato del General Espartero.


El general Baldomero Espartero, cuyas políticas impulsaron la sublevación de Boné






     Pantaleón Boné, llegó a Alicante procedente de Valencia, con 150 carabineros de infantería, 50 de caballería y un batallón de infantería del regimiento Saboya. Los primeros días de la sublevación  los empleó para conseguir apoyos de oficiales de la guarnición de la ciudad y del Castillo de Santa Bárbara, del cual se apoderó en la tarde de ese último día. El pronunciamiento liberal que había triunfado en Alicante, fue el aval para extender la revuelta por toda la provincia de Alicante. La idea era hacerse con las ciudades de Albacete, Murcia, Almería y Málaga, donde ya habían preparado al cabecilla de cada zona, y en la que quedaría Pantaleón Boné como jefe absoluto de Alicante. Entre las medidas que Boné tomó como máxima autoridad de la ciudad, encontramos la creación de la Iglesia de Santo Domingo como tahona, la petición de alimentos a los comerciantes de la ciudad para abastecer a los residentes en el Castillo de Santa Bárbara donde estaba recluída gran parte de la población, además de los detenidos.


Cañones del castillo de Santa Bárbara.




      Con el control total de Alicante, considerada plaza fuerte al estar completamente amurallada, dispuso importantes refuerzos en el Castillo de Santa Bárbara, Castillo de San Fernando, y en el baluarte de San Carlos.  El líder Boné se vio obligado a gestionar en pocos días una importante estrategia en tropas, dinero, alimentos y armas. Además realizó varios desplazamientos a diferentes puntos de la provincia para tratar de asegurar las defensas y mantener la moral de sus oficiales y soldados.
 El capitán general de Valencia, Federico Roncali, hombre de máxima confianza de Baldomero Espartero se desplazó a tierras alicantinas, donde colocó su cuartel general en Villafranqueza, y  sitió la ciudad alicantina por tierra y por mar con un buque que bombardeaba la ciudad.


Ejecución de Boné y sus compañeros.


      Entre Elda y Petrer se produjo una violenta escaramuza entre tropas de Boné y el ejército del General Pardo, subordinado de Roncali, en la que cayeron presos hombres importantes de Boné como el teniente coronel capitán Ildefonso Basilio, el comandante José Mena, el capitán teniente Luis Gil, el comandante teniente Pío Pérez y los tenientes  Juan Gómez, Luis Molina y Arcadio Blanco.



Monumento dedicado en Alicante a Boné y sus compañeros.



      Poco a poco el cerco se fue estrechando en favor de las tropas de Federico Roncali. El capitán de carabineros al mando de la guarnición del Castillo de Santa Bárbara, que era amigo íntimo de Pantaleón Boné, negoció a sus espaldas la entrega de la ciudad, cortando las comunicaciones entre el castillo y la ciudad. Asímismo, los extranjeros residentes en Alicante se refugiaron en los barcos de su nacionalidad llegados para protegerlos. El levantamiento liberal decaía y finalmente las tropas del general Espartero tomaron la ciudad.




Malecón del puerto de alicante donde fueron ejecutados Boné y sus compañeros.



      El día 14 de febrero de 1844, al amanecer, fueron fusilados en la tapia del Panteón de los Guijarro, en Villafranqueza, los 7 oficiales de Boné capturados en la escaramuza cerca de Elda ocurrida el 5 de febrero. En cuanto a Pantaleón Boné y sus 23 compañeros, fueron fusilados en hilera por la espalda, el 8 de marzo en el Malecón (ahora denominada Explanada de España) del puerto de Alicante.1 El historiador y periodista, Nicasio Camilo Jover, al relatar la derrota de Boné, escribió en relación a los soldados de Espartero:

El pueblo presenció la entrada de las tropas silencioso y triste.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Rendición del fuerte de Jaujilla (Nueva España) 1818





6 de marzo de 1818.-

      Durante la Guerra de Independencia en México, el quince de diciembre de 1817, el coronel Matías Martín de Aguirre y el coronel José Barradas iniciaron con un grupo de mil hombres el sitio al fuerte de Jaujilla, saltando a la defensa Antonio López de Lara, coronel insurgente, y los capitanes Christie y Devers. Tal día como hoy se toma el fuerte de Jaujilla, en el Virreinato de Nueva España  por las tropas realistas al mando de D. Matías Martín Aguirre.

     Este es el parte enviado dando noticia del suceso al virrey D. Juan Ruiz de Apodaca y publicado en la Gaceta de Madrid, año de 1818.



RENDICIÓN DEL FUERTE DE JAUJILLA ÚLTIMO PUNTO FORTIFICADO POR LOS REBELDES EN ESTA NUEVA ESPAÑA

El Exmo. Sr. virrey acaba de recibir los siguientes partes que ha mandado publicar para satisfacción de los fieles vasallos del Rey N. S.

Exmo. Sr.—

Acaba de entregarse este fuerte acogiéndose a la gracía de indulto sus defensores, que quedan en mi poder, y 12 cañones de varios calibres, porción de fusiles, municiones y cuanto encerraba.

Los dos extranjeros de la gavilla del traidor Mina que estaban en él obligué a que me los entregasen presos, y así los mantengo porque han sido los que más se opusieron a mis afanes para reducir a los otros a la razón y que se arrepintiesen.

Este es, Sr. Exmo., el fruto de cerca de tres meses del más estrecho y penoso sitio, y de un bizarro y expuesto asalto que sólo una contingencia pudo malograr: teniendo la satisfacción de que en todo él nadie ha entrado ni salido del fuerte, sino los que se me han presentado.

Son muy dignos de la alta consideración de V. E. los beneméritos ofíciales y valiente tropa, que han sufrido en este tiempo toda clase de trabajos y escaseces, metidos en el agua y fango día y noche, y haciendo penosas y dilatadas obras bajo los fuegos de una fortificación inexpugnable por la naturaleza, y bien defendida por el arte.

Mientras las actuales atenciones me permiten dar a V. E. exacta noticia de todas las ocurrencias, adelanto este parte para su superior conocimiento por mí ayudante el teniente del regimiento de infantería fijo de México D. José Guiral, recomendando a V. E, muy particularmente el distinguido mérito que ha contraído en esta división y la dedicación y empeño decidido con que ha trabajado en todo el sitio.

Dios Guarde a V. E. muchos años.

Fortificación de Jaujilla 6 de marzo de 1818.

A las ocho de la mañana.

Exmo. Sr. Matías Martín y Aguirre.

Exmo. Sr. virrey D. Juan Ruiz de Apodaca.


Plano del fuerte de Jaujilla .



s. E. en vista de este parte y de ser el último punto fortificado que tenían los rebeldes en este reino y con el que se cuentan cincuenta y siete tomados a estos desde su ingreso a este mando, ha mandado se anuncie al público con salva de artillería y repique general de campanas; y espera con impaciencia los partes circunstanciados que ofrece el Sr. coronel Aguirre para premiar en nombre del Rey N. S.

[Q. D. G. ] a los jefes, oficiales e individuos de tropa que se hubiesen distinguido, concediendo desde luego el grado de capitán al oficial que ha traido tan importante noticia, recomendado particularmente por su jefe, y mandando se den las debidas gracias a nombre de S. M. al expresado Sr. Aguirre y a todos sus subalternos por su valor, constancia y amor al real servicio acrisolado en este sitio.

Que a los dos extranjeros se les forme causa de ordenanza y aplique la correspondiente pena: a los demás que se entregaron al indulto les concede S. E el perdón de la vida en nombre de nuestro piadoso Monarca, y los destina por seis años al presidio de la isla de Mescana.


Virrey Juan Ruiz de Apodaca.


Exmo. Sr. –

La noticia de la toma del fuerte de Jaujilla que acabo de recibir ahora que son las cuatro y cuarto de la mañana y cuyo parte original conduce a V. E. desde el sitio el ayudante del Sr. comandante general D. José Guíral, fue anunciada en esta ciudad con repique general y salva de artillería, resonando entre el estruendo del cañón las aclamaciones y vivas más tiernas a nuestro augusto Soberano.

Dígnese V. E. recibir estas cortas demostraciones de fidelidad de esta ciudad que con ambos cabildos se presta siempre gustosa a cuanto contribuye a la total pacificación de esta provincia, y de mi los más satisfactorios parabienes por una victoria debida a la protección decidida con que el cielo favorece el feliz gobierno de V. E., a sus sabias, activas y acertadas providencias, al infatigable trabajo de este Sr. comandante general coronel D. Matías Martín y Aguirre y al valor de los valientes oficiales y soldados de la división de su mando.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Valladolid, marzo 8 de 1818.

-Exmo. Sr. José de Castro.

-Exmo. Sr. virrey D. Juan Ruiz de Apodaca.

S. E. ha mandado dar las gracias a este jefe, como también a las corporaciones de que hace mención y al vecindario por sus demostraciones de gozo con tan plausible como interesante ocurrencia.

Nota: Los dos extranjeros presos son Cok y Nicolson.

En la imprenta de D. Juan Bautista de Arizpe.

CARTELES REPUBLICANOS DE LA G.C.E. (15)











































SEGUIRÁ.......

martes, 5 de marzo de 2013

La cincomarzada. Zaragoza 1838


5 de marzo de 1838.-


      Tiene lugar la cincomarzada,  fallido ataque carlista a Zaragoza que tuvo lugar el 5 de marzo de 1838 y que pretendió ser una toma fácil de la ciudad debido al escaso número de tropas que la guarnecían. Hoy se celebra cada año como fiesta popular en Zaragoza, conmemorando el heroico comportamiento de los zaragozanos durante esta batalla de la Primera Guerra Carlista.


Escudo de Zaragoza.


      La ciudad de Zaragoza constituía una magnífica posición estratégica, fuertemente protegida por una importante guarnición isabelina. Ante la supuesta lejanía de las tropas carlistas, gran parte de la guarnición fue empleada para reforzar en el mes de febrero de 1838 un ejército que había de cerrar el paso hacia el Maestrazgo a la expedición de Basilio García.  La noticia de la prácticamente nula guarnición que restaba en Zaragoza llegó a Cabrera, que envió a Juan Cabañero y Esponera a asaltar la ciudad con dos mil ochocientos infantes y trescientos hombres de caballería, no con el ánimo de ocuparla, ya que estas tropas eran insuficientes para defenderla posteriormente, sino únicamente para saquearla.




Grabado que representa el asalto carlista a la ciudad.

      La noche del 5 de marzo de 1838 las tropas de Juan Cabañero consiguieron a duras penas ocupar parte de la ciudad ante la fiera resistencia de sus habitantes, que respondieron al ataque armados con cuchillos, utensilios de cocina y agricultura, armas de caza y aceite y agua hirviendo. Ante la noticia de que se acercaba volviendo a sus cuarteles la tropa isabelina y dado que no conseguían tomar la ciudad en su totalidad, los carlistas abandonaron inmediatamente la ciudad.


Fotografía del siglo XIX de Zaragoza, con el Puente de Piedra sobre el Ebro y la Basílica del Pilar al fondo.


     Tras el fracaso carlista, se añadió al escudo de la ciudad la titulación de "Siempre Heroica" y se le dio el nombre de "Cinco de Marzo" a una calle.


lunes, 4 de marzo de 2013

Nombramiento de Félix María Calleja como 60º Virrey de Nueva España 1813


 4 de marzo de 1813.-


     Es nombrado virrey de la Nueva España el general Félix maría Calleja, desde 1813 hasta el 20 de septiembre de 1816.  Durante la guerra de independencia de México se distinguió por sus métodos expeditivos contra la insurgencia, a la que prácticamente desarticuló, tanto antes de ocupar el cargo de Virrey, como al frente de éste. Su esposa fue Doña María Francisca de La Gándara, originaria de San Luis Potosí y que fue la única virreina totalmente criolla.


Félix María Calleja del Rey, (Medina del Campo, Valladolid-1753, Valencia-1828)



       Calleja fue el único militar que llegó al gobierno virreinal por méritos en campaña, con arraigo en esas tierras y que ya radicaba en ellas en el momento de su designación. Desde su llegada a Nueva España, en 1789, hasta el inicio de la guerra Calleja gozó del reconocimiento de todos los virreyes y de la gente que le conocía. Los comentarios sobre su persona por lo general le eran muy favorables. Revillagigedo lo definió como 'un oficial de guerra, instruido en su profesión, buen matemático y de acreditado talento, eficacia, prudencia y conducta'.
 Para su amigo Lucas Alamán, Calleja era un hombre:

(...) de buen semblante, modales corteses y culto, aire majestuoso y a veces severo, conversación amena y agradable, pues de la instrucción propia de su profesión, era hombre de mucha lectura, especialmente de la historia.


Carlos María de Bustamante, que fue su enemigo, lo definió como:

(...) bien agestado, elegante, airoso en los movimientos de su cuerpo y en todos ellos mostraba que era un militar. Era preciso en sus movimientos, comedido con el bello sexo; pero siempre respiraba arrogancia aún cuando se esmeraba en parecer cumplido; su aspecto era sombrío, de color cetrino, su mirar turbo y amenazante, sus ojos verdosos como dos tomates cocidos, su barba terminaba en punta y su cara semejaba la de un gato.


Estadillo firmado por el entonces coronel Calleja.




     El 28 de enero de 1813 recibió el cargo de Jefe Político Superior (según la flamante Constitución de Cádiz), en reemplazo de Venegas, pero no tomó posesión hasta el 4 de marzo. Con la actividad, energía y capacidad que lo caracterizaban, puso manos a la obra para reorganizar el gobierno, la hacienda pública en bancarrota y el ejército mal pertechado, al que se debían varias soldadas. Calleja confiscó las propiedades de la Inquisición, abolida en España por la constitución de Cádiz de 1812.  Entre otras medidas, solicitó un préstamo de dos millones de pesos al sector comercial e hipotecó las alcabalas. Con el dinero obtenido organizó un ejército poderoso y bien equipado, pagado y disciplinado, que llegó a los 39.000 hombres, además de 44.000 milicianos distribuidos entre la población civil. También restableció el libre comercio y reorganizó el servicio postal, interrumpidos ambos por los ataques de los insurgentes.


Orden firmada por el virrey Calleja.


      Mientras tanto, Morelos continuaba sus brillantes campañas por el sur del país, buscando al mismo tiempo una base política para su movimiento. En 1814 proclamaría una constitución en el Congreso de Apatzingán. Con la llegada del Deseado Fernando VII, se restableció la normativa imperante hasta 1808, y se abolió la constitución de Cádiz. Con esto Calleja del Rey pasó de ser Jefe Político Superior de Nueva España a ser Virrey de la Nueva España, con una jurisdicción territorial mucho más amplia.
El jefe realista Agustín de Iturbide venció a las fuerzas de Morelos en la batalla de las Lomas de Santa María, frente a Valladolid. El ejército insurgente se dispersó, y el propio jefe de la independencia cayó prisionero poco después.
   La rebelión parecía llegar a su fin, sin embargo, gracias a la resistencia de caudillos como Vicente Guerrero el movimiento insurgente no se extinguió por completo, e incluso recibió nuevos ánimos con la breve intervención del liberal español Xavier Mina, que llegó a combatir por la independencia, aunque pronto fue derrotado y fusilado.

Grabado del general Calleja.

     Calleja fue un hombre brillante y resuelto, que no se detuvo ante nada para acabar con los rebeldes por lo que fué profundamente odiado por sus contemporáneos. Amigo y protector de Agustín de Iturbide, Calleja y sus medidas expeditivas, hábilmente exageradas por los insurgentes, provocaron a la postre un rebrote rebelde. La gente comenzó a ver en estos actos una muestra de la injusticia del gobierno realista. Algunos de los mismos realistas, temerosos de perder sus elevadas y lucrativas posiciones con tan enérgico virrey, lo acusaban de ser la causa principal por la que seguían en armas algunas partidas de insurgentes después de la muerte de Morelos.

Mapa del Virreinato de la Nueva España.


     Las quejas contra el gobierno de Calleja fueron escuchadas en Cádiz, por lo que fue relevado del gobierno virreinal el 20 de septiembre de 1816.


sábado, 2 de marzo de 2013

Combate naval de San Nicolás 1811

 

2 de marzo de 1811.-



   Tiene lugar el Combate de San Nicolás,  enfrentamiento naval librado en el río Paraná entre la flota realista de Montevideo y la primera flotilla creada por el gobierno revolucionario de Buenos Aires. Fue la primera acción naval entre patriotas y realistas en la región del Río de la Plata y se saldó con la victoria de la marina realista. Los dos bandos portaban el pabellón español.


Pabellón de la Real Armada que usaron los dos bandos



       El 10 de febrero de 1811, con el propósito de apoyar la Campaña de Manuel Belgrano al Paraguay, zarpó la escuadrilla comandada por Juan Bautista Azopardo y secundada por las naves de Miguel Ángel Hubac e Hipólito Bouchard. Las autoridades realistas de Montevideo se enteraron de estos planes y destacaron una flotilla para interceptar a los revolucionarios. La misión fue confiada al hábil marino Jacinto Romarate.



Jacinto Romarate Salamanca


     La flotilla de Azopardo salió del Puerto de Buenos Aires, aguas arriba por el Paraná. Al llegar a la altura de San Nicolás de los Arroyos divisaron a los realistas y Azopardo decidió presentar combate. El jefe patriota mandó que una batería con cañones sacados de los buques fuera instalada en la costa, y que una tropa de marineros y milicianos también estuviera pronta para combatir desde la orilla.



Situación de las escuadras antes del combate.


     El 2 de marzo se entabló el combate, cuando los navíos realistas se aproximaron a los revolucionarios. En los primeros momentos los dos bergantines realistas, Belén y Cisne, quedaron varados cerca de la costa y fueron blanco de la batería de tierra y las fuerzas de infantería patriotas. Sin embargo, Azopardo no logró llevar a cabo el abordaje de los buques varados, que finalmente lograron retirarse.
Luego de varias horas los realistas intentaron un nuevo ataque, y ametrallaron a la Invencible. La América recibió varios impactos que le abrieron un rumbo en la proa y provocaron que comenzara a inundarse, por lo cual fue abandonada por su tripulación. Seguidamente los realistas se concentraron en el 25 de Mayo, al cual intentaron abordar; los inexpertos tripulantes fueron presa del pánico y abandonaron el buque, arrojándose al agua, pese a los intentos de Bouchard por impedirlo.


Combate de San Micolas, óleo de Justo P. Lynch



      Los navíos realistas se acercaron a la Invencible, que luchaba sola, y la abordaron. Animados por su jefe, los tripulantes lucharon por dos horas hasta que la situación se hizo insostenible.  Al ver la partida perdida, Azopardo intenta volar la santabárbara, pero lo disuaden las imploraciones de sus heridos, y resuelve entregarse: sobre un total de 60 combatientes insurgentes yacían en cubierta 41 muertos y heridos.



La escuadra española de regreso a Montevideo con los buques capturados.





      Azopardo y parte de sus oficiales y tripulantes fueron hechos prisioneros. El antiguo corsario maltés fue conducido a Montevideo junto con los buques capturados y, acusado de insurgente (cargo que le cupo a todos aquellos que se amparaban en el pabellón de España para combatir a españoles), lo enviaron con grilletes a Cádiz. Además, la Junta Grande lo acusó por mal desempeño.