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martes, 23 de abril de 2013

Batalla de Villalar 1521


 23 de abril de 1521.-

  Se produce la batalla de Villalar, episodio decisivo de la Guerra de las Comunidades en la que se enfrentaron las fuerzas imperiales de Carlos I y las de la Junta Comunera capitaneadas por Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado La batalla fue ganada por las fuerzas imperiales y puso fin a la Guerra de las Comunidades en el norte de Castilla, donde fueron decapitados el 24 de abril los tres capitanes comuneros.



Batalla de Villalar, de Manuel Picolo López.


     El ejército comunero se encontraba acuartelado en la localidad vallisoletana de Torrelobatón,  salió el 23 de abril de 1521 de madrugada hacia Toro,.ciudad perteneciente al bando sublevado. A la altura de Vega de Valdetronco el ejército imperialista mandado por el conde de Haro ya estaba cerca, por lo que ante la inevitable batalla, Padilla decidió buscar un lugar favorable para la lucha, siendo Villalar el lugar elegido.


Retrato de Juan de Padilla.




      El ejército comunero, en clara inferioridad respecto a las tropas de Carlos V, intentó que la batalla se produjera dentro del pueblo. Para ello, instalaron los cañones y demás piezas de artillería en las calles del mismo.

Muchos de los combatientes aprovecharon la incertidumbre inicial para huir a sus localidades de origen u otras cercanas a Villalar para huir de la batalla dejando el bando sublevado aún más disminuido.



Estatua de Juan Bravo en Segovia



       La contienda fue toda una masacre, y al anochecer en el pueblo tan sólo se oía el gritar de los comuneros heridos que yacían en los campos mientras eran rematados. Los principales capitanes comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron apresados con vida, recluidos y ejecutados y la ciudad que más tarda en aguantar es Toledo, donde Marí­a Pacheco, mujer de Juan Padilla y llamada la Leona de Castilla, al frente de la ciudad todaví­a resistió hasta junio de 1521. En 1522 el monarca concedió un perdón general.


Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo.




       Estos hechos fueron recordados durante siglos por dos monolitos, ubicándose uno en la plaza de Villalar y otro en el lugar de la batalla, y Villalar poco a poco fue adoptando en calificativo “de los Comuneros”. Con el paso de los años, Villalar se comenzó a considerar la cuna del nacionalismo castellano, así como símbolo de la lucha de los pueblos por la libertad.




 
Monolito en recuerdo a los comuneros en la plaza de Villalar. 


      Una revolución que tení­a todas las de perder y que a pesar de ello, demostró la casta y el honor de los castellanos contra las injusticias. Esto hizo darse cuenta a Carlos que debí­a prestar más atención a España que era el germen de su gran Imperio. Aprendió el idioma, bajo los impuestos y los flamencos dejaron de ostentar el poder.

domingo, 21 de abril de 2013

Oficial de caballería C.S.A.


Bueno amigos, después de un buen espacio de tiempo sin hacer nada en cuestión de pintura de figuras, aquí os traigo esta que pinté hace un tiempo...



La figura en cuestión es de escala grande... en concreto 90 mm. de la marca Amati... creo que está ya desaparecida y es una pena por quetenía en su catálogo muy buenas figuras a esta escala en plomo y resina.




Esta en concreto representa un oficial sudista de caballeria... lo pinté en el modo tradicional, es decir, sin representar a ninguna unidad en concreto... es el prototipo que sirve para todo el ejército rebelde.









... Y por ahora nada más... espero ir colocando con más asiduidad figuras pintadas y modeladas ahora que empieza el buen tiempo y dispongo de más horas de sol para fotografiarlas...
Saludos!!.


2ª batalla de Seminara 1503

21 de abril de 1503.-



     Tiene lugar la segunda batalla de Seminara, librada en el contexto de la guerra de Nápoles, que enfrentó a las tropas francesas de Bérault Stuart d'Aubigny contra las españolas mandadas por Fernando de Andrade, resultando victoriosas estas últimas. En 1501 el ejército francés de Robert Stuart d'Aubigny penetró en Nápoles desde el norte, mientras las fuerzas españolas bajo el mando del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba ocupaban la parte sur. Federico I fue derrocado y su reino dividido entre ambos ocupantes, según lo estipulado en el tratado. Pronto surgieron las disensiones entre franceses y españoles por la posesión de la franja geográfica que separaba sus respectivos territorios, y en junio de 1502 se llegó al enfrentamiento armado entre ambos.


Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.






     Las fuerzas francesas, más numerosas, se dividieron en dos: el virrey francés de Nápoles, Luis de Armagnac, quedó en Apulia cercando al Gran Capitán en Barletta mientras d'Aubigny acosaba a las fuerzas españolas de Hugo de Cardona y Manuel de Benavides en Calabria. A principios de abril de 1503 parecía que la paz estuviera próxima, por las gestiones diplomáticas que Felipe el Hermoso, yerno de Fernando el Católico, llevara a cabo con el rey francés firmando el tratado de Lyon, pero la negativa del aragonés a ratificar el acuerdo dejó las cosas como estaban.



Luis de Armagnac, Duque de Nemours.


      A mediados de febrero zarpó de Cartagena la armada enviada por el rey Fernando a Nápoles en apoyo del Gran Capitán, dirigida por Luis Portocarrero, con 40 naos y 600 soldados de caballería y 2.000 gallegos y asturianos de infantería a bordo. Llegó a 5 de marzo a Mesina, de donde pasaron tres días después a Regio, ya en la península italiana, en mitad de un temporal. Poco después murió Portocarrero, nombrando a Fernando de Andrade como su sucesor en el mando de las fuerzas españolas.


Naves castellanas de transporte.


      Enterado Aubigny de la llegada de los refuerzos españoles, juntó 200 jinetes y 800 infantes con los que marchó sobre Terranova, que se encontraba defendida por el capitán Alvarado5 con 100 jinetes y 300 infantes, antes de que fuese socorrida. Ante la llegada de refuerzos españoles, Aubigny levantó el asedio de Terranova y marchó hacia San Martino, mientras Andrade reunía todas sus fuerzas en Seminara. Parlamentando, ambos bandos concertaron entrar en batalla el siguiente viernes, 21 de abril. Hasta entonces Aubigny condujo a sus tropas a Gioia Tauro, 10 km. al norte. Fijada la fecha del encuentro, los soldados españoles se amotinaron, rehusando entrar en combate hasta ver satisfechas sus pagas atrasadas; Hugo de Cardona y el virrey de Sicilia hubieron de darles un anticipo, con lo que el asunto quedó resuelto.



Caballería española en Italia.









      El día señalado se encontraron ambos ejércitos a mitad de camino entre Seminara y Gioia. En el enfrentamiento, las tropas españolas derrotaron a las francesas, que se retiraron hacia el norte perseguidos por los españoles.


Tropas españolas en combate.



      Aubigny sería asediado en el castillo de Angitola, donde se rindió 30 días después; fue conducido como prisionero a Castel Nuovo. Derrotado el ejército francés, la provincia de Calabria quedó bajo el control de las fuerzas españolas.

CARTELES REPUBLICANOS DE LA G.C.E. (22)












































Captura de Boabdil en Lucena 1483.


 21 de abril de 1483.-


      Tiene lugar la batalla de Lucena, o del Arroyo de Martín González, donde fué hecho prisionero Boabdil, rey nazarí de Granada.
      A comienzos del año 1483 un ejercito encabezado por el Marqués de Cádiz y otros nobles caballeros deciden, probablemente sin autorización superior, adentrase en la Axarquia  malagueña (en árabe, axarquia es la parte oriental de una cora o región) aunque esta hueste cayó en una emboscada por los granadinos al mando del destronado Muley Hacen, que por entonces gobernaba la ciudad de Málaga, causando una sangrienta matanza de las tropas cristianas.


Paisaje de la Axarquía malagueña.

       Desde Granada, el rey Boabdil animado y a la vez envidioso de la victoria de su mayor oponente, su propio padre, decide,  pensando en la debilidad del enemigo, recuperar Lucena que había sido conquistada por Fernando III en 1240. Con la ayuda de su suegro, y alcaide de Loja,  Ibrahim Aliatar sale de Granada con un poderoso ejército, aunque en la misma salida de la ciudad, la surpestición vaticinaba el desastre de la empresa ya que el asta del estandarte que llevaban como insignia se quebró al toparse con el arco de la Puerta del Elvira. Así Boabdil y Aliatar junto a 1500 jinetes y más de 6000 infantes se plantaron en las mismas puertas de Lucena que era defendida por el joven Alcaide de los Donceles Diego Fernández de Córdoba y por el alcaide de Lucena Hernando de Argote. Mientras algunas tropas islámicas  recorrían las cercanas poblaciones de Aguilar, Montilla, La Rambla, Santaella y Montalbán en busca de botines, el ejército al mando de Boabdil intenta atravesar las puertas de Lucena aunque es resistida heroicamente por los defensores.


Boabdil, último rey moro de Granada.


      Neutralizado el ataque, el joven alcaide de los Donceles manda aviso a las poblaciones vecinas mediante las atalayas, del peligro que corre la ciudad de Lucena. Viendo Boabdil la resistencia lucentina y por el temor de un ataque de las poblaciones vecinas decide levantar el cerco justo cuando regresan las tropas que habían recorrido la campiña en busca de botines capitaneado por el abencerraje Ahmad ibn Sarriá. Este propuso hacer una capitulación al que los lucentinos aceptaron, aunque estos no querían otra cosa más que entretener a los granadinos mientras se acercaban  a Lucena las tropas del Conde de Cabra y otros alcaldes que acudieron a la llamada de socorro. Mientras el ejercito de Boabdil se retira lentamente hacia el camino de Granada, el alcaide de los Donceles y el Conde de Cabra que ya había hecho acto de presencia deciden salir en seguimiento del ejercito musulmán.


Indumentaria de los musulmanes de Granada.


      Los granadinos, a las una de la tarde, paran para almorzar en el campo de Aras donde fueron avisados por medio de sus atalayas del seguimiento de las tropas cristianas. Viendo Boabdil las posibilidades de victoria mandó formar a sus ejércitos, al igual modo que los cristianos pararon su persecución y estando los dos ejércitos enfrentados se mandó la batalla. En un primer choque acometieron valerosamente los castellanos hacia los granadinos dejando a mas de 30 caballeros conocidos como la flor de la Casa de Granada muertos y otros tirados de sus apeos. El conde y el alcaide viendo la superioridad mandaron a los lanceros arrasar con toda vida musulmana y estos no tuvieron otra que huir con la mala suerte de dirigirse hacia un pequeño río llamado Pontón de Bindera donde la oportunidad del sitio encaminó la victoria hacia los cristianos dando muerte a los que no se rendían.



Estatua de Aliatar, erigida en la ciudad granadina de Loja.


       Aliatar murió en la batalla y Boabdil intenta huir pero su caballo se quedó atascado en el fango de la ribera del arroyo Martín González que da nombre a la batalla. Escondido entre la espesura de la vegetación fue descubierto por el peón lucentino Martín Hurtado quien logro reducirlo mediante golpes de pica, acudieron varios soldados y quedaron asombrados por el aspecto lujoso que presentaba el enemigo. En efecto, iba Boabdil con marlota de brocado y terciopelo carmesí, en el puño la espada de esmalte grana, verde y oro, sobre un fondo de oro viejo con la divisa de los nazaries “Solo Dios es vencedor”. Al preguntarle que quien era para vestir esos ricos ropajes este contesto que era hijo de un noble caballero de Granada ocultando así su verdadera identidad. Al momento se presentó el Alcaide de los Donceles quien le puso una cinta roja en el cuello como signo de cautivo y lo mandó junto a otros prisioneros a los calabozos del Castillo del Moral de Lucena aún sin saber de lo importante de su captura.



Marlota de Boabdil, capturada por los castellanos y que se conserva en el Museo del Ejército, Toledo.

        Tres días después de la victoria cristiana fueron llevados a los calabozos del castillo de Lucena más prisioneros que se habían escondido por los campos lucentinos y al ver a su rey despojado de sus atributos se postraron ante el llorando por  la maldición que ante ellos había caído, hecho este que asombró a los centinelas quienes tras interrogar al regio cautivo, este ya no pudo ocultarles su condición. La consecuencia inmediata de este vencimiento y de la prisión  del Boabdil fue la recuperación del mando sobre el reino de Granada del viejo Muley Hacen. Los reyes Católicos al conocer el feliz acontecimiento ordenan que Boabdil sea trasladado al castillo de Porcuna, donde permanecerá varios meses hasta su liberación, dentro de un torreon de planta octogonal construido por la Orden de Calatrava entre los años 1411 y 1435, y que hoy se conoce como la Torre de Boabdil.


Torre de Boabdil, en Porcuna, provincia de Jaén.

        Este, vencido y apresado por sus enemigos naturales, era una importante carta que los Reyes Católicos supieron mantener en reserva para jugarla a su debido tiempo. Tras varias entrevistas entre Boabdil y los monarcas católicos en la ciudad de Córdoba, es puesto en libertad el príncipe granadino con la condición de que se proclame vasallo a Castilla y por ende el pago de un tributo además de hacer la guerra a su padre Muley Hacen que en esos momento es el sultán de Granada, firmando con esto la sentencia de muerte del reino musulmán de Granada. Aquí juega un papel importante la madre de Boabdil, la sultana  Aixa quien propone los pactos con Isabel de Castilla con la intención de recuperar a su hijo y a que este luchara contra su padre para recuperar el trono de Granada.



La sultana Aixa es informada de la captura de su hijo Boabdil, según un dibujo de José Segrelles.

domingo, 14 de abril de 2013

Proclamación de la II República española. 1931

14 de abril de 1931.-


      Se proclama en España la Segunda República, tras la celebración de unas elecciones municipales. Bien es cierto que unas elecciones municipales no arbitran un cambio de régimen ni legitiman la deposición de un rey, pero también lo es que Alfonso XIII hizo bien poco por mantenerse en el trono.
Las causas que motivaron la instauración del régimen republicano fueron principalmente el agotamiento del sistema político de la Restauración y la incapacidad de la monarquía de asumir sus errores durante la Dictadura. A partir de abril de 1931 quedó claro que el descontento popular iba orientado hacia una respuesta antimonárquica y pro republicana.

Alegoria de la República.




      En ello tuvo mucho que ver la caída de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera (29 de enero de 1930) que, apoyada por la monarquía, había tenido un triste final. El rey, Alfonso XIII, estaba más aislado que nunca, la clase obrera lo consideraba el símbolo de la opresión, la clase media no le perdonaba los siete años de dictadura, incluso para la clase dirigente la monarquía ya no representaba una solución de continuidad.






      En los más de cincuenta años de monarquía que siguen a la I Republica (1873-74), se suceden dos borbones Alfonso XII y Alfonso XIII. Este régimen se caracteriza por representar un freno al progreso y por su alto grado de corrupción, explotación y represión.
En esta situación la oposición republicana constituida por fuerzas políticas, sindicales y sociales de talante progresista, va poco a poco organizándose a lo largo de los años, mientras el régimen monárquico entra progresivamente en una fase de decadencia fruto de las razones antes citadas.






      Así llegamos al año 1931, en que el régimen monárquico se encuentra inmerso en una profunda crisis. El rey nombra un nuevo gobierno e intentando demostrar buena voluntad al pueblo, convoca elecciones municipales. Desde su alejamiento de la realidad del pueblo español, el monarca y su gobierno ignoran la antipatía que este pueblo les profesa y creen que las elecciones se saldarán con un respaldo mayoritario para la monarquía.







      Nada más lejos de la realidad. Los Socialistas, republicanos y demás fuerzas anti-monárquicas se lanzan a una intensa campaña electoral a favor de un estado republicano. El resultado de las elecciones es una ínfima mayoría para los monárquicos, pero en si supone una derrota para estos, puesto que pierden en 41 de las 50 capitales de provincia y eso aun a pesar de la corrupción reinante.
     El pueblo masivamente se echa a la calle para vitorear la II Republica y pedir el fin de la monarquía.








      A las diez y media de la mañana del lunes 13 de abril el presidente Aznar entraba en el Palacio de Oriente de Madrid para celebrar el Consejo de Ministros. Preguntado por los periodistas sobre si habría crisis de gobierno, Aznar contestó:
¿Que si habrá crisis? ¿Qué mas crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?




      El Monarca marchó hacia el exilio la noche del mismo 14 de abril de 1931, Alfonso XIII abandonó el país sin abdicar formalmente y se trasladó desde Marsella a París (donde declaró: "La República es una tormenta que pasará rápidamente"), fijando posteriormente su residencia en Roma. En enero de 1941 abdicó en favor de su tercer hijo, Juan. Falleció el 28 de febrero del mismo año.




      Las ciudades de Sahagún (León), Éibar (Guipúzcoa) y Jaca (Huesca) fueron las tres únicas ciudades que proclamaron la República un día antes de la fecha oficial, el 13 de abril de 1931. El Gobierno de la II República española les concedería posteriormente el título de Ilustrísimas Ciudades. La primera ciudad en la que se izó la bandera tricolor fue Éibar, a las 6:30 de la mañana del 14 de abril, a la tarde de ese mismo día le siguieron las principales capitales españolas, incluyendo Valencia, Barcelona y Madrid, en las que las candidaturas republicanas obtuvieron mayorías muy holgadas.






       A primeras horas de la tarde unos funcionarios socialistas izan la bandera tricolor republicana en lo alto del edificio de Correos y Telégrafos de la plaza de la Cibeles en Madrid. Corre la noticia y una multitud se concentra en la plaza, para desde allí dirigirse por la calle de Alcalá hacia la Puerta del Sol, donde se encuentra el Ministerio de la Gobernación. Muchos portan banderas republicanas y algunos retratos de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, ejecutados por la sublevación de Jaca. Un grupo derriba la estatua de la reina Isabel II de su pedestal y la arrastra hasta el convento de las Arrepentidas.





       Tras la proclamación de la II República española, tomó el poder un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora desde el 14 de abril hasta el 14 de octubre de 1931, fecha en que presentó su dimisión por su oposición a la forma como se recogió el laicismo del Estado en el artículo 26 de la nueva Constitución, siendo sustituido por Manuel Azaña.






      La República llegaba de forma pacífica, no había llegado por efecto de una conspiración de elites políticas apoyada por un pronunciamiento militar seguido de una sublevación popular, como en la "Revolución Gloriosa" de 1868, ni como consecuencia de un vacío de poder provocado por la abdicación del rey, como en febrero de 1873 cuando se proclamó la Primera República,  pero pronto iban a empezar los problemas. En Barcelona, el coronel Francesc Maciá proclamaba un Estado catalán independiente. Ésta iba a ser una de las grandes trabas de la República. Conseguir que tantos intereses dispares remasen en la misma dirección.





        La República fué la movilización que dio su primer carácter al republicanismo, un sentimiento sin raíces profundas en la sociedad, tan amplio como difuso, emotivo, nada estructurado, sin partidos, casi sin afiliados; un republicanismo que había avanzado, incontenible por los cafés, las salas de conferencias, las calles, en las conciencias y en los corazones, sin que al mismo tiempo progresara en organización y en definición programática.




      La República española,  una fiesta popular revolucionaria, iniciada en Eibar en las primeras horas de la mañana del día 14 de abril de 1931 y perceptible en Madrid -como en tantas otras ciudades- cuando el jornalero de los extrarradios, el artesano y el obrero de los barrios bajos, las obreras del textil o de las nuevas industrias químicas, el estudiante, el profesional y el intelectual de los ensanches se den cita a primeras horas de la tarde en la Puerta del Sol para celebrar el resultado de las elecciones municipales del día 12 y proclamar festivamente la República



Curioso cartel republicano imprimido en Cuba.






 "No por más republicano que pueda sentirse una persona deja por ello de sentirse más español".
J.C.E.



     La República, pasada la euforia de los primeros momentos, se va a ver siempre sometida a un “sandwich” entre la derecha oligárquica y la izquierda revolucionaria, que la llevará por derroteros no deseados y que terminará desembocando en una brutal guerra civil de nefastas consecuencias para el país.