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viernes, 21 de diciembre de 2012

Segundo sitio de Zaragoza 1808






21 de Diciembre de 1808.-




     Comienza el segundo sitio de Zaragoza. El ejército francés, consciente de la importancia estratégica de la ciudad y del impacto moral que tenía la resistencia de la ciudad ante el ejército francés, pues se había convertido ésta en un símbolo de la resistencia española, volvió con numerosas tropas mandadas esta vez por el mariscal Lannes, sumando más de 35.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería. La ciudad estaba ahora más preparada. Aunque no dio tiempo a acabar las fortificaciones, se pudo disponer de hasta 160 cañones gracias a los capturados durante el primer sitio y se pudo reunir la cosecha antes del asedio. Los defensores incluían unos 30.000 soldados regulares, amén de miles de voluntarios de la ciudadanía cuya colaboración fue muy importante. 



 
Regimiento de  Ordenes Militares, uno de los participantes en el segundo Sitio de Zaragoza.


      Este hecho fue una de las diferencias del primero, la presencia militar en de la defensa, presencia quizas excesiva, pues fueron introducidos demasiados soldados en una ciudad que no estaba preparada para recibir y mantener a tal numero de personas para el largo sitio que se avecinaba. A pesar de ser informado de la capitulación de Madrid frente al ejército imperial, Palafox se niega a negociar una rendición: "¡Después de muerto, hablaremos!", replica.



 
Baturro montando guardia durante los Sitios de Zaragoza.




     El 21 de diciembre este ejército atacó Zaragoza por varios puntos, tratando de tomar el Canal Imperial en Casablanca y La Paz, así como los barrios exteriores del Arrabal y Torrero. Lograron ciertos avances, pero la resistencia fue enconada y los defensores retuvieron sus posiciones. Sin embargo, la captura del camino a Zuera, la voladura del Puente de América por los defensores para evitar su captura y sus avances extramuros aislaron a los defensores. Los franceses realizaron el segundo sitio más exhaustivamente, y dedicaron los días siguientes a construir puentes sobre el Ebro por Juslibol (22 de diciembre) y sobre el Huerva (25-26 del mismo mes) con los que asegurar su cerco alrededor de la ciudad. Simultáneamente, y en la más pura ortodoxia militar, avanzaron con trincheras paralelas a las defensas de la ciudad.


 
Plano del Segundo sitio.


     En San José, Santa Engracia y los alrededores de la Aljafería se combatió entonces con denuedo. Los avances franceses se convirtieron en costosos, y los contraataques del General O'Neylle lograban recuperar parte de lo perdido. Especialmente exitosa fue la salida del 31 de diciembre, aprovechándose de las inundaciones que habían dañado los puentes franceses, en la que los defensores llegaron a Juslibol. Los franceses consiguieron cerrar el cerco por completo a la ciudad, lo peor para los defensores, mención aparte de los asaltos y bombardeos propios de la batalla, fue la epidemia de tifus que diezmó a la población, incluso Palafox cayó enfermo, la situación era desesperada, hambre, frío, la epidemia y el Capitán General contagiado. En estas circunstancias se creó una Junta de Defensa que decidió capitular y rendir la ciudad a los franceses el 21 de Febrero de 1809, tras dos meses de fanática resistencia.

 
Fachada Este de la Basílica del Pilar, donde aún se aprecian los daños sufridos durante los sitios.


 Gran parte de la ciudad de Zaragoza quedó destruida, así como la economía y el capital humano, falleciendo en el segundo asedio 55.000 defensores, todas las clases sociales quedaron desechas, tardando muchas décadas en recuperarse, Zaragoza comenzó su vida "normal" después de la capitulación con tan solo 12.000 habitantes.

viernes, 14 de diciembre de 2012

CARTELES REPUBLICANOS DE LA G.C.E. (6)







 















 









 



 



 



 






  14 de Diciembre de 1600.-


     Es avistada una escuadra holandesa  en la entrada de la bahia de Manila, por lo que los españoles deciden atacarlo y en caso de huida, perseguirlos.  Los buques españoles eran dos; el galeón San Diego y el San Bartolomé al mando de Antonio de Morga. La escuadra holandesa estaba compuesta por los navíos Mauritius, Hendrik-Frederik y dos barcos más pequeños, el Eendracht y Hope, al mando del almirante Olivier van Noort.


La flota holandesa de van Noort

      Los buques holandeses eran más fuertes, veloces y marineros, además de superar a los españoles con una artillería de mayor calibre y dotaciones mejor preparadas, ya que los galeones españoles eran buques dedicados al comercio y fueron armados rápidamente con cañones llevados desde el fuerte de Manila y con una tripulación compuesta por voluntarios civiles y algunos soldados.

     El San Diego se acerca a las naves enemigas, y a pesar de las andanadas de artillería que recibe se acerca y consigue abordar al Mauritius. Se produce un fuerte choque que hace escorar al buque holandés 30 es`pañoles abordan el buque, pero se había abierto una vía de agua en el San Diego que hace que el barco español se hunda cerca de llegar a la isla de Fortuna, donde llegaron a nado cien hombres mientras los demás naúfragos españoles son asesinados desde los barcos holandeses.


Galeón comercial español.
 

     La llegada del San Bartolomé y la captura del Eendracht, hizo que los holandeses huyeran de aguas filipinas.
     La victoria fué española pero se pagó un alto precio por ella.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

    12 de Diciembre de 1744.-



    Tiene lugar un combate naval sobre cabo San Antonio (Isla de Cuba), entre la fragata inglesa La Rosa, atacó á la fragata de guerra española Concepción de 20 cañones á las órdenes del capitán de fragata D. Pedro de Elizagarate y después de un sangriento combate que duró siete horas fué apresada por los ingleses.

 
Combate entre una faragata española y una británica.








     En el combate murieron 41 tripulantes de 162 que era su dotación, entre ellos el capitán de fragata D. Pedro Manuel Lana, y herido el oficial de Marina D. Juan Ignacio de Madariaga y Arostegui. No se rindieron á tan superiores fuerzas hasta que consumieron todas las municiones y se halló la fragata desarbolada del palo mayor.
El comandante de la fragata inglesa echo á los prisioneros españoles muy inhumanamente en Cayo Sol, islote desierto, en medio del canal de Bahama, sin más víveres que un barril de carne y otro de bizcocho para 121 individuos, incluso cuatro oficiales de guerra, sin otro recurso que un botecillo de tres remos, que por accidente se dejaron los ingleses olvidado en la playa.


Islote de Cayo Sol








     Todos hubieran perecido sin el arrojo de Ignacio de Madariaga que ofreció ir con dicho bote á La Habana: que distaba 50 leguas, á llevar tan infausta noticia y solicitar auxilio, como así lo efectuó tras siete días de contínuos riesgos y de importante trabajo. El general de la escuadra D. Andrés Reggis, lo envió á recoger á los moribundos del islote con una balandra y una fragata, en las que felizmente los supervivientes llegaron á La Habana. Otra muestra más de ese gran pueblo de hijos de la... Gran Bretaña en la que nos muestra otra de sus facetas aparte de la de piratas, ladrones y borrachos... criminales de guerra.

martes, 11 de diciembre de 2012

CARTELES REPUBLICANOS DE LA G.C.E. (5)

 



 



 



 



 



 



 






 



 







Fusilamiento del general Torrijops 1831

 11 de Diciembre de 1831.-


    Es fusilado D. José María Torrijos y Uriarte), conde de Torrijos, más conocido como General Torrijos, militar liberal español y combatiente en la Guerra de Independencia española.




 
General Torrijos.


      Durante el reinado del nefasto Fernando VII, Torrijos, perteneciente al bando liberal, se unió a los conspiradores que luchaban por la reinstauración de la Constitución de Cádiz, lo que provocó, tras descubrirse la conspiración que preparaba junto a su amigo, el también militar Juan Van Halen, que fuese detenido y encarcelado en 1817, siendo puesto en libertad tras la revolución liberal de 1820.
      La invasión de las tropas francesas (los denominados Cien mil hijos de San Luis) y la caída del régimen liberal, hizo que se exliliara primero en Francia, y finalmente en Inglaterra, en 1824, donde vivió durante varios años retirado de la política, pero en 1827 comienza a conspirar de nuevo contra el régimen absolutista de Fernando VII, poniéndose al frente de los liberales españoles exiliados en dicho país.


     Torrijos llegó clandestinamente a Gibraltar acompañado por un grupo de amigos íntimos, éste  mantenía correspondencia secreta con algunos liberales de Málaga.en la que la mayoría de ellos desaconsejaban al general que pisara territorio español, pues representaba un grave peligro para su propia vida el régimen imperante, absolutista de Fernando VII.
A pesar de ello, Torrijos junto con 52 hombres determinaron desembarcar en la costa malagueña, siendo obligados por los disparos de un barco de guerra a apresurarse hacia la playa de El Charcón donde desembarcaron e iniciaron el camino hacia el interior.



 
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, obra de Antonio Gisbert, Museo del Prado, Madrid

 
     En tierra, se pusieron en marcha unidades y voluntarios absolutistas de todas partes, incluso de fuera de la provincia de Málaga.con el fin de capturar a los liberales. Pero los liberales, esquivándolos, escapan, aprovechando el cauce seco del Arroyo del Pinar, y continúan hacia Alhaurín de la Torre, donde son rodeados en una alquería donde se habían detenido para descansar y recuperarse de sus heridas.
Tras un intenso tiroteo y viendo lo imposible de la situación, Torrijos pidió negociar una salida con el gobernador de Málaga, pero la llegada de más tropas absolutistas y la negativa de respetar la vida de los liberales si no se rendían, determinó a Torrijos a rendirse, pensando que  todavía algo podía cambiar la situación en la que se encontraban.



 
Momumento a Torrijos en Malaga


     Los liberales fueron saliendo de la alquería, dejando sus armas y su munición. Después los cogieron a todos obligándoles a seguir una marcha forzada hasta la cárcel.
      Fueron fusilados  a las once y media de la mañana en las playas malagueñas de San Amdrés..

lunes, 10 de diciembre de 2012

 10 de Diciembre de 1710.-


     A la mañana del día siguiente a la batalla de Brihuega, el general Starhemberg, que acudía en socorro del general inglés Stanhope,  se encontró a todo el ejército franco-español esperándole en la llanura de Villaviciosa. Frente a los 14.000 soldados del general austriaco, el duque de Vêndome tenía desplegados en orden de batalla unos 20.000 soldados, entre los que se encontraba el propio rey Felipe V y el resto de tropas del duque que se habían incorporado la mañana del mismo día 10. Ambos ejércitos desplegaron en dos lineas, como era la costumbre de la época, sobre dos alturas paralelas:
     El encuentro comenzó a primera hora de la tarde y duró hasta medianoche. Comenzó con el duelo de artillería al uso en aquella época, cuyas balas de cañón hicieron daños a ambos ejércitos.



 
Despliege sobre el campo de batalla del ejército borbónico y el austracista.

    Entonces se produce el ataque la caballería del ala derecha donde marchaba el propio rey Felipe V, al mando del marqués de Valdecañas, quien lanzó sus escuadrones contra la izquierda enemiga, formada por infantería alemana y caballería catalana y portuguesa, todos ellos al mando de von Frankemberg. La infantería alemana trató de protegerse con los escuadrones catalanes y portugueses, pero acabó por ceder, resultando con este ataque destrozado el ala izquierda del ejército aliado. Los borbónicos tomaron las baterías aliadas, destrozaron las unidades que acudieron en refuerzo e iniciaron la persecución, quedando sin posibilidad de regresar al combate en apoyo del centro.


 
Caballería borbónica cargando contra las baterías austracistas.

      La Infantería del archiduque avanzó hacia el centro franco-español. La falta de apoyo de caballería y el empuje enemigo hicieron retroceder a la infantería borbónica. El marqués de Toy acudió a tratar de impedir el retroceso en el centro y evitar así la división en dos del ejército, pero casi es hecho prisionero por soldados portugueses. Se repetía lo ocurrido en la batalla de Almansa tres años antes. Al igual que el duque de Berwick entonces, en esta ocasión el duque de Vêndome creyó perdida la batalla, mientras su infantería trataba de aguantar el empuje como podía.
      Mientras el centro borbónico cedía, el conde de Aguilar lanzó sus escuadrones contra el ala derecha del archiduque, que mandaba el propio general Starhemberg y que estaba formada por los granaderos y jinetes de los regimientos más brillantes del ejército aliado. La carga fue imparable, y los aliados fueron incapaces de contener a los jinetes del conde de Aguilar. El ala derecha del archiduque se salvó del desastre por una maniobra de flanco que hizo el centro aliado que, al mando de Villarroel, acudió en ayuda de Starhemberg y salvó la situación.


Grabado de la época que representa un momento de la batalla.

    El general Starhemberg reagrupó y reorganizó sus fuerzas, rechazó finalmente a los jinetes del conde de Aguilar y se lanzó a la carga en su persecución. Tomó las piezas de artillería borbónica situadas en el flanco izquierdo y se lanzó contra el centro borbónico. La lucha se hace enconada. Los batallones de Infantería de Guardias Walonas y Saboya reciben un duro castigo de fuego enemigo. El teniente general Armendáriz,  es herido en la cabeza y en el pecho por la metralla enemiga. Mueren el mariscal de campo Ronquillo, el brigadier Rodrigo Correa y el coronel Félix Miramón, coronel del Regimiento de Sagunto.
      En centro borbónico continuaba cediendo, el ala izquierda comenzaba a retroceder y no había señales de la caballería del ala derecha, encelada en la persecución del enemigo. Comenzaba a oscurecer, y es cuando el conde de Aguilar arremetió con su caballería y dragones contra el ala derecha del archiduque. Los jinetes alemanes y portugueses, al mando del conde de la Atalaya, resisten la carga inicialmente. Por fín los jinetes de Aguilar rompieron las dos líneas de la derecha enemiga. En ese momento llegaron al combate los jinetes del marqués de Valdecañas, que rompió de igual modo las lineas de la izquierda aliada. El teniente general Mahony y el mariscal Amezaga cargan al frente de sus escuadrones desde el ala derecha para asestar el golpe final al ejército aliado.



El duque de Vêndome y Felipe V en Villaviciosa

      El general Starhemberg lanzó contra ellos tres cargas de caballería. En los combates, el mariscal Amézaga resultó herido en la cara. Por fin, tras media de combates en plena oscuridad, las fuerzas de Starhemberg se retiraron a un bosque vecino para salvarse de los jinetes enemigos y el ejército aliado inició la retirada con la protección de la oscuridad.
    El archiduque reclamó la victoria, pero la cantidad de muertos, las decenas de heridos, piezas abandonadas y despojos de su ejército que se hallaron los días siguientes en los alrededores del campo de batalla no podían ocultar la realidad de la derrota, las distintas versiones contradictorias de los combates no cambian el hecho de que las tropas del rey Felipe V consiguieron la victoria. Puede decirse con justicia que la batalla de Villaviciosa fue decidida por los escuadrones de caballería y dragones del marqués de Valdecañas y del conde de Aguilar, que superaron con creces a los escuadrones enemigos.



Monumento erigido en conmemoración de la batalla en el lugar del encuentro.

      El general Starhemberg se retiró en orden hasta Barcelona, donde entró el 6 de enero .En la batalla de Villaviciosa el rey Felipe V obtuvo su corona definitivamente. En palabras del secretario de Asuntos Exteriores francés, la batalla "colocó la Corona sobre la cabeza del Rey Católico".