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miércoles, 20 de febrero de 2013

Batalla de Salta 1813


20 de febrero de 1813.-


     Se produce el combate de Salta, en la actual Argentina. Fue una batalla librada en Campo Castañares, hoy zona norte de la Ciudad de Salta, norte de la República Argentina, en el curso de la Guerra de Independencia de la Argentina. El Ejército del Norte, al mando del general insurgente Manuel Belgrano y de Eustoquio Díaz Vélez como mayor general o segundo jefe, derrotó por segunda vez a las tropas realistas del brigadier Juan Pío Tristán, a las que había batido ya en septiembre anterior en la batalla de Tucumán.


General Manuel Belgrano.

      La rendición incondicional de los realistas garantizó el control del gobierno rioplatense sobre buena parte de los territorios del antiguo Virreinato del Río de la Plata, aseguró la región y permitió a los patriotas recuperar, provisoriamente, el control del Alto Perú.


Batalla de Salta.

      El ejército patriota marchó por la mañana con la intención de acometer las tropas realistas al amanecer del día siguiente. Tristán recibió noticia del avance, y dispuso sus tropas nuevamente para resistirlo; alineó una columna de fusileros sobre la ladera del cerro San Bernardo, reforzó su flanco izquierdo, y organizó las 10 piezas de artillería con que contaba. En la mañana del 20 Belgrano ordenó la marcha del ejército en formación, disponiendo la infantería al centro, una columna de caballería — al mando de José Bernaldes Polledo — en cada flanco y una nutrida reserva al mando de Manuel Dorrego.



Plano de situación de los ejércitos enfrentados.

     El primer choque fue favorable a los defensores, ya que la caballería del flanco izquierdo encontraba dificultad para alcanzar a los tiradores enemigos por lo empinado del terreno.
Poco antes de mediodía, Belgrano ordenó el ataque de la reserva comandada por Dorrego sobre esas posiciones, mientras la artillería lanzaba fuego granado sobre el flanco contrario. Al frente de la caballería, condujo él mismo una avanzada sobre el cerco que rodeaba la ciudad. La táctica fue exitosa; columnas de infantes patriotas al mando de Carlos Forest, Francisco Pico y José Superí rompieron la línea enemiga y avanzaron sobre las calles salteñas, cerrando la retirada al centro y ala opuesta de los realistas. El retroceso de los realistas se vio dificultado por el mismo corral que habían erigido como fortificación; finalmente, se congregaron en la Plaza Mayor de la ciudad, donde Tristán decidió finalmente rendirse, mandando tocar las campanas de la Iglesia de La Merced.



  
Artillería relista en acción, según grabado de la época.

      El enviado realista a parlamentar fue el coronel La Hera quien negoció con Belgrano que al día siguiente los soldados abandonarían la ciudad en marcha, con honores de guerra, y depondrían las armas; Belgrano garantizaba su integridad y libertad a cambio del juramento de no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas, un gesto inusual que ganó para su causa a no pocos de los combatientes enemigos. Belgrano bien comprendía que la guerra de la independencia tenía la impronta de una guerra civil donde hermanos luchaban contra hermanos, en tanto que en ambos bandos los ejércitos estaban integrados por americanos y peninsulares, españoles todos.


Momentos finales de la batalla.


     Como consecuencia del triunfo patriota en la batalla de Salta, los realistas tuvieron 480 muertos, 114 heridos y 2.786 hombres que se rindieron al día siguiente, entregando 2.188 fusiles, 200 espadas, pistolas, carabinas, 10 cañones, todo el parque de guerra y tres banderas reales. Entre los prisioneros figuraron diecisiete jefes y oficiales realistas.

martes, 19 de febrero de 2013

Asalto del fuerte de Sipac, Filipinas 1848.


19 de febrero de 1848.-


     Durante la campaña contra los piratas de Filipinas, se produce el asalto al fuerte de Sipac, principal punto fuerte de los piratas en la provincia filipina de Aklan.



Plano del fuerte de Sipac

      La expedición comenzó con la toma del fuerte de Balanguingui, otro reducto de piratas filipinos, conseguido el objetivo, la expedición española se concentró en la toma del fuerte de Sipac, mandando patrullas de reconocimiento a las inmediaciones de la fortaleza y comenzó la construcción de escalas para el asalto al fuerte. Cuando terminaron estoa preparativos el día 18 se comenzó el desembarco de las distintas unidades, principalmente Infantería de Marina, artillería y un destacamento de ingenieros, procediendose al desembarco en pequeñas balsas para evitar los arrecifes que había en la zona.


Isla de Balanguingui


    Según iban desembarcando las unidades, con el máximo sigilo que se podía, se fueron colocando en los emplazamientos que previamente habían dispuesto los exploradores para ellas, a unos 200 metros del objetivo, así mismo se colocaron varias baterías artilleras y se repartieron escalas y fajinas para el asalto.


Capitán General D. Narciso Clavería Zaldúa, conde de Manila.


      Las tropas permacerieron en sus posiciones hasta el amanecer, momento en que fué dada la señal de asalto por medio de la banda de música del Cuerpo, al oír los acordes comenzó el fuego de la artillería, que aunque fué nutrido y preciso no doblegó la resistencia de los piratas que resistían en los muros blandiendo sus armas y desafiando a los soldados españoles. Viendo la situación, el Capitán General  Narciso Clavería Zaldúa, acompañado por su Esrado Mayor y una escolta de infantes de marina, arengó a las tropas, exhortándoles a cumplir con su deber como se espera de los soldados españoles que eran y recordándoles las anteriores victorias. Finalizada la arenga con un sonoro ¡Viva España! se dió la orden de asalto general, orden que fué cumplida al instante, poniéndose a la vanguardia de la fuerza atacante las tropas de la Marina que voluntariamente habían solicitado tan honroso puesto.





Infantería de Marina española destacada en Filipinas.

     Se destacó en el asalto a la fortaleza el cabo primero de Infantería de Marina policarpio Montoya, que fué uno de los primeros en alcanzar los muros del fuerte, que pese a estar siendo cañoneado por la artillería desembarcada, así como la de la escuadra fondeada en la bahía resistía con ferocidad. Al final, el empuje y la valentía de la brigada de Marina, que se había ofrecido voluntaria para comenzar el asalto y los aliados zamboangeños, que demostraron gran valor y arrojo en el combate hicieron que el fuerte cayera en manos españolas.




Asalto español a fuerte Sipac.
 

     Los pocos enemigos que consiguieron escapar, fueron perseguidos por la compañía de Carabineros del 20 de Infantería ligera, pocos pudieron refugiarse en el fuerte de Sungap, separado del de Sipac por un estero. Se procedió a cerrar dicho reducto el cuál cayó también en poder de nuestras tropas algunos días después, huyendo los supervivientes hacia el interior de la jungla, aunque fueron perseguidos por una columna desde tierra mientras que una escuadra de embarcaciones pequeñas lo hacía por los esteros, acabando con la resistencia que los piratas ofrecían.



Piratas moros filipinos

    El botín que se recogió en el asalto fué numeroso, incluyendo un total de 106 piezas de artilería de todo calibre. La repercusión que tuvo la expedición a los reductos piratas fué tal que muchos sultanes se apresuraron a mandar emisarios para felicitar al Capitán General y renovar los tratados de paz con los españoles por miedo a represalias, ya que éstos protegían a los piratas y participaban del beneficio de sus botines.



Armadura empleada por los piratas filipinos y capturada por los españoles, conservada en el museo oriental de Valladolid.

La escuadra a su regreso al puerto de Manila fué aclamada por la multitud, ya que aunque durante la expedición se sufriron sensibles pérdidas, siendo unos doscientos treinta y siete entre muertos, heridos y contusos, se había devuelto a la libertad a trescientos cristianos prisioneros de los piratas moros.

lunes, 18 de febrero de 2013

Ocupación británica de la isla de Trinidad 1797.


18 de febrero de 1797.-


      Una flota británica mandada por Ralph Abercromby se presentó ante la bahía de Chaguaramas, en la isla de Trinidad de Barlovento el 16 feb. 1797. La desproporción de fuerzas entre esta armada y la poca preparación que D. José María Chacón, gobernador español de la isla,  había conseguido para defender la isla hizo que apenas se ofreciera resistencia. El incendio de la escuadra del almirante Apodaca, provocado por los ingleses, causó gran consternación entre la población trinitaria, que comenzó la evacuación de Puerto España, dejando la entrada libre a Abercromby, ante el cual capituló el gobernador Chacón.


Mapa actual de la isla de Trinidad.
 


       Hacia  las 3 de la tarde los vigías de Trinidad avisaron de la proximidad de numerosas embarcaciones que, dadas las circunstancias, solo podían ser inglesas.
Con la llegada del enemigo, la frágil armazón en la que se basaba la defensa de Trinidad se vino abajo estrepitosamente.  La división de D. Sebastián de Apodaca, que se encontraba fondeada en Chaguaramas, no supo o no pudo evitar que varias unidades inglesas la embotellasen sin remedio de tal manera que, en el consejo celebrado aquella misma noche a bordo del insignia San Vicente, los oficiales con mando votaron por que se incendiase a los navíos para evitar su captura ejecutándose tal decisión sobre las 12 de la noche aunque uno de los navíos -el San Dámaso- no quiso arder y fue finalmente capturado por los ingleses e incorporado a su escuadra.
Aprovechando la confusión, las dotaciones desembarcadas se dispersaron y tan solo parte de la marinería junto a los soldados de marina pudieron enlazar con las tropas terrestres que, mandadas por el propio gobernador, intentaban hacer frente a los ingleses que ya habían desembarcado en la isla por tres puntos diferentes.



Flota de invasión británica.

     Las tropas de voluntarios reclutados para reforzar a las tropas regladas desertaron en masa llevándose consigo las armas que se les habían confiado y los cerca de 3000 hombres con que se esperaba poder dar la batalla se vieron reducidos a poco más de 500 y esto gracias a que los enfermos menos graves se reincorporaron a filas de forma voluntaria a la primera indicación de sus oficiales. los ingleses, que contaban con abrumadora superioridad en hombres y material, hicieron retroceder en todos los puntos a los españoles de tal manera que, a las 8 de la noche, el general Abercromby, comandante de las tropas inglesas, ordenó el cese de las hostilidades y envió un comunicado al desdichado D. José María Chacón en el que reconocía el valor mostrado por las tropas españolas y le ofrecía una rendición con honores que, finalmente, vista la imposibilidad de prolongar la resistencia, fue aceptada y firmada el 18 de febrero.


Desembarco británico según grabado de la época.

 
      Las primeras noticias de tan triste suceso fueron conocidas por las autoridades españolas en Cumaná el mismo día 17 de febrero a través de tres marineros de la fragata Santa Cecilia que habían podido escapar de la isla de Trinidad en la falua del propio jefe de escuadra D. Sebastián Apodaca.



 Informe del estado de fuerzas terrestres enviado por D. José María Chacón a Manuel Godoy.

      En todas las islas de alguna importancia económica, los ingleses tuvieron aliados internos entre los esclavistas. En Martinica, los ingleses llegaron por invitación de los hacendados franceses, que veían el dominio inglés como una garantía de la esclavitud. La conquista de Trinidad por parte de los ingleses,  fue facilitada por este apoyo interno.

domingo, 17 de febrero de 2013

Conquista de Saigón 1859


17 de febrero de  1859.-



      Dentro de la poco conocida expedición franco-española a la Cochinchina, tiene lugar el asalto a la ciudad de Saigón. La excusa para el inicio de esta campaña la provoca el asesinato de varios misioneros de ambas naciones. Se exigía al gobierno de Annam que los criminales fuesen castigados, que se permitiese la libertad de culto y el pago de reparaciones.
Ante la falta de tales concesiones, ambas potencias europeas se aprestan para invadir Annam e imponer por la fuerza esas reparaciones.



Mapa de la Cochinchina, otra denominación del reino de Annam, conquistado por los españoles para los franceses.




     El 1 de Diciembre de 1857 el ministro Frances conde Walewski y el Marqués de Turgot por parte de España acuerdan intervenir militarmente, poniéndose las tropas españolas, bastante más preparadas para soportar el clima de la zona,  bajo mando frances.
La ofensiva militar sobre Saigón comenzó, por tanto, desde el puerto de Touranne, lugar donde se habían concentrado las fuerzas aliadas franco españolas, en febrero de 1859. El mando de la operación estaba bajo la responsabilidad directa del almirante francés Rigault de Montigny quien, el 28 de enero de aquel año, había informado al general español Norzagaray, capitán general de Filipinas, de que pensaba comenzar la ofensiva sobre Saigón. Una fuerza combinada de siete barcos franceses y el español Elcano, partió llevando un contingente aliado formado por 800 hombres, mitad franceses, mitad españoles, del puerto de Touranne mientras en esta ciudad quedaba una guarnición aliada en espera. En la expedición figuraba también el coronel español Ruiz de Lanzarote.



La escuadra aliada ante Saigón.

     Esta fuerza naval fondeó frente al cabo Santiago, donde desembarcaron las tropas y se inició el ataque a la ciudad de Saigón. Entre los días 9 y 16 de febrero se fueron destruyendo los fuertes que protegían la ciudad. El día 17 se atacó la ciudadela y se ocupó después de un breve combate. Las tropas españolas, al mando del comandante Carlos Palanca Gutiérrez, estuvieron en la vanguardia de los combates, junto a un destacamento francés, y fueron los primeros en iniciar el asalto. Al frente de todas las fuerzas de vanguardia se encontraba el alférez de navío Siro Fernández al frente de cincuenta hombres de la Infantería de Marina y marinería del Elcano, logrando romper las defensas de la ciudad, dando paso al resto de las unidades.



Infantería de Marina española al asalto de las murallas de Saigón, según un grabado de la época.

      Por esta acción, el comandante Palanca fue propuesto para el grado del teniente coronel. Él llevó el mando de la operación, excepto en el desembarco del cabo Santiago, y estuvo al frente de las fuerzas españolas que tomaron los puertos de Hong-lai, Cha-lai y Ton-ki, y acabó asaltando Saigón.
     Las tropas aliadas consiguieron un importante motín de guerra en arroz, armamento y dinero, que quedó por completo bajo el control francés, que se negó a facilitar al coronel Ruiz de Lanzarote, incluso, la relación de lo aprehendido. Tras la toma de la plaza, el mando francés izó la bandera tricolor y se apropió del botín. El ejército galo siempre consideró a las tropas españolas como auxiliares y mandó regresar a Filipinas todo el contingente español que no estuviera en Saigón, y con ellos al jefe del cuerpo expedicionario, el coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote. Solo quedó en Vietnam un centenar de soldados españoles bajo la órdenes del teniente coronel Carlos Palanca Gutiérrez. 


Soldados españoles ante los muros de Saigón.

     Lo primero que hicieron los aliados, tras la entrada en Saigón, fue demoler la ciudadela y construir, en su lugar, un nuevo puerto fortificado donde quedaría una guarnición. De ella formaría parte una compañía de línea española.
     Tras diversas acciones militares, en la primavera de 1862 el emperador Tu Duc aceptó las condiciones de París: cedió la zona ocupada a Francia y permitió la libertad religiosa. Un año después, los franceses ocuparon Camboya y una década más tarde, el norte de Vietnam. En 1902 habían conseguido unificar toda Indochina y España apenas había sacado beneficio de la campaña. Las tropas regresaron a Filipinas y la historia oficial española empezó a olvidar la expedición.


Cementerio donde descansan los restos de los soldados españoles muertos en la expedición a la Cochinchina, desastrosa empresa que sirvió para engrandecer el imperio francés en aquella parte del mundo y aún al día de hoy se debe al gobierno de España dos millones de pesetas de la época como compensación... aún no han sido pagados.


Placa a la entrada del cementerio, hoy en día es visitada por vietnamita que les regalan flores e incienso porque piensan que todos los muertos necesitan ser cuidados, no les importa que sean de extranjeros ni que vinieran a hacer la guerra contra Vietnam, para los vietnamitas son sólo almas que flotan en el cielo.


 
      La expedición, que iba a ser de castigo e intimidación al emperador de Anam, se convirtió para Francia en un pretexto para dominar el jugoso puerto comercial de Saigón, al sur, y terminar anexionándose después todo el actual Vietnam junto a Camboya y Laos.

Cuando el contingente regresó a Manila en 1863 con los últimos soldados españoles, Francia ya había establecido la colonia de la Cochinchina y la había convertido en un protectorado a Camboya.

jueves, 14 de febrero de 2013

Batalla naval del Cabo de San Vicente 1789


14 de febrero de 1789.-


          Tiene lugar la Batalla del Cabo de San Vicente, combate naval que tuvo lugar el  frente al Cabo de San Vicente, en el extremo occidental de la costa portuguesa del Algarve. España se encontraba en aquel momento aliada a la Francia revolucionaria merced al Tratado de San Ildefonso, que la comprometía a enfrentarse a Inglaterra en el marco de las Guerras Revolucionarias Francesas.




El Santísima Trinidad.


     La escuadra española, formada por 24 navíos de línea, 11 fragatas y un bergantín, con un total de 2.638 cañones, partió de Cartagena en febrero de 1797 al mando del teniente general José de Córdoba. Entre los buques de la flota española se encontraba el Santísima Trinidad, entonces el mayor buque de guerra del mundo con 136 cañones y el único con cuatro cubiertas de artillería. Poco antes de su llegada a Cádiz fueron sorprendidos por un fuerte temporal, al tiempo que la flota inglesa, con 15 navíos de línea, 4 fragatas, 2 balandros y 1 cúter, con un total de 1430 cañones y al mando de John Jervis, interceptaba a la escuadra española.



La línea española atacada por los británicos.
 

    Al amanecer del día 14, los barcos de Jervis se encontraban en posición para enfrentarse a los españoles y viceversa. Fue entonces cuando vio claro que su inferioridad numérica era de dos barcos españoles por cada barco inglés, pero en cualquier caso suponía ya mayor riesgo para los ingleses tratar de evadirse que enfrentarse a la escuadra española, por lo que Jervis se decidió a atacar para tratar de impedir que esta escuadra se uniera a la flota francesa que les esperaba en Brest.
Para ventaja de los ingleses, la escuadra española estaba formada en dos grupos tácticamente mal dispuestos para el combate, mientras que los ingleses conservaban la línea. Jervis ordenó a su flota que pasara entre ambos grupos, lo que optimizaría el uso de los cañones de sus barcos, mientras impedía que la flota española pudiera usar todos los suyos. En todo momento maniobró la flota con el fin de impedir que los barcos españoles pudiesen escapar hacia Cádiz.



Un momento de la batalla.



     Nelson había sido transferido al HMS Captain y se dirigió hacia la retaguardia de la línea española. Desobedeciendo las órdenes de que la línea inglesa maniobrara para acorralar al grupo menor de buques españoles, rompió la formación para perseguir al grupo mayor, colocándose frente a los barcos españoles.
Jervis, aunque veía cómo Nelson desobedecía sus órdenes, envió nuevos buques en su apoyo.




El HMS Captain de Nelson durante el combate.


      La batalla que se desarrolló a lo largo del 14 de febrero acabó en una derrota para la armada española. De los 24 navíos de línea con los que contaba la flota española, entraron en combate 7, perdiendo 4, e incluso podría haber llegado a perder a su buque insignia de no ser por la actuación de Cayetano Valdés, al mando del Infante don Pelayo, que acudió en su socorro cuando ya había arriado su bandera. Se dice que amenazó al buque insignia español con cañonearle si no levantaba de inmediato su pabellón. Otros cuatro buques de la flota quedaron muy seriamente dañados. Los ingleses apresaron los navíos San José, Salvador del Mundo, San Nicolás y San Antonio.




El Infante don Pelayo acude en auxilio del Santísima Trinidad.

La batalla costó la vida de 250 hombres por parte española. La flota inglesa, al mando de John Jervis, demostró que, a pesar de estar en inferioridad numérica, la disciplina y el entrenamiento de sus marinos eran cruciales para convertirla en un arma de guerra imbatible, cosa que años más tarde se demostraría de nuevo en la batalla de Trafalgar.
     En la posterior retirada española, algunos barcos huyeron hacia Cádiz, mientras que otros lo hicieron con rumbo a Algeciras. El grueso de la escuadra española entró en Cádiz el 3 de marzo, siendo objeto del escarnio de los gaditanos por su humillante derrota. A consecuencia de la misma, el jefe de la escuadra José de Córdova tuvo que enfrentarse posteriormente a un Consejo de Guerra, donde fue degradado. Si hubiera mostrado más decisión y hubiera atacado a los navíos británicos, varios de ellos destrozados y a remolque como el Captain de Nelson, habría podido evitar que se llevaran 4 presas y, quizás, hasta habrían apresado alguno, dado que los ingleses estaban dañados y casi sin municiones, mientras que en la escuadra española, salvo los siete barcos que combatieron, los restantes estaban intactos.


El fin de la batalla.



     En el posterior Consejo de Guerra, fueron expulsados de la Real Armada catorce capitanes de navío, más otros varios Segundos y oficiales.

domingo, 10 de febrero de 2013

Abrazo de Acatempan 1821


10 de febrero de 1921.-


    
      Tiene lugar el abrazo de Acatempam, población mexicana localizado actualmente en el municipio de Teloloapan.Este es un suceso de la Historia de México en el que participaron Agustín de Iturbide, comandante en jefe del ejército del Virreinato de Nueva España, que era gobernado entonces por Juan Ruiz de Apodaca, y Vicente Guerrero, jefe de las fuerzas insurgentes del Virreinato. Este abrazo marcó la reconciliación entre las fuerzas virreinales, integradas mayoritariamente por criollos y el ejército insurgente.



Abrazo de Acatempan, por Hesiquio Iriarte.


     El marino Juan Ruiz de Apodaca instrumentó una política distinta a la de sus predecesores: Venegas y Calleja. Creó el indulto, que le fue concedido a la mayoría de los líderes insurgentes, como Nicolás Bravo e Ignacio López Rayón. Gracias a esta política, la Nueva España vivió casi tranquilamente hasta finales de 1819.
El 1 de enero de 1820 en Las Cabezas de San Juan (Andalucía, España) el coronel Rafael de Riego se levantó en armas, proclamando que el rey Fernando VII debía jurar la Constitución de Cádiz, que las Cortes Generales proclamaron en 1812. El 26 de mayo el intendente de la provincia de Veracruz, José Dávila proclamó la Constitución de Cádiz. Apodaca hizo lo mismo en la capital el 31 de mayo, provocando con ello protestas y motines.



Juan Ruiz de Apodaca.



 En México esta noticia tomó por sorpresa a los novohispanos. Se temía que se suprimieran los privilegios del clero y del ejército, y que una nueva época liberal llegara al país. Los criollos, acaudillados por el inquisidor general Matías de Monteagudo y por Apodaca, se reunieron en la Iglesia de la Profesa, y ahí conspiraron y resolvieron separarse de España.
 Apodaca, por consejo de Monteagudo, nombró a Iturbide como reemplazo de Armijo, comandante de las operaciones en el sur del país y el 16 de noviembre Iturbide salió de la Ciudad de México y estableció su cuartel general en Teloloapan.




Sgustín de Iturbide, por Primitivo Mirando.


      Existía el antecedente de una negativa por parte de Vicente Guerrero de pactar la paz, cuando Apodaca envió al padre del caudillo al campo de batalla para suplicarle que aceptara el indulto. Ante esa situación, Guerrero había pronunciado su frase más conocida: "La Patria es primero"´. Iturbide empezó a planificar sus acciones militares, con la intención de destruir a las fuerzas insurgentes. Sus primeros combates resultaron desastrosos, pues fue derrotado en prácticamente todas las batallas.
Se dio cuenta que Guerrero y sus hombres conocían como nadie las montañas del Sur, y que en ese terreno sería casi imposible derrotarlos. Comprendió entonces que la Independencia "sólo se lograría si los militares insurgentes se aliaran con las fuerzas que militamos bajo las órdenes del Rey", como había dicho a un subordinado tras sufrir su única derrota, en el fuerte del Cóporo



Vicente Guerrero, Por Ramón Sagredo.

     Iturbide empleó pues, una nueva estratagema: escribió a Guerrero el 10 de enero, pidiéndole que se retirara de la lucha, que el gobierno respetaría su cargo militar y le concedería el indulto. Guerrero se negó terminantemente.
Los hombres al mando del coronel realista Berdejo fueron derrotados nuevamente el 27 de enero de 1821, por las fuerzas insurgentes. Iturbide había enviado una carta fechada el 25 de enero en Teloloapan, en la que le solicitaba una entrevista y le exponía los puntos de su programa político, posteriormente recogido en el Plan de Iguala.
El encuentro se realizó en Acatempan, ante las respectivas tropas de Iturbide y de Guerrero. Según el relato de Lorenzo de Zavala, se entabló un breve diálogo entre ambos caudillos, tras el cual se produjo el abrazo.



Otra visión sobre el Abrazo, en este caso el cuadro está pintado por Román Sagredo.

      El 24 de febrero Iturbide proclamó su Plan de las Tres Garantías en Iguala, donde surgió el Ejército Trigarante, que se encargó de marchar por todo el país difundiendo el Plan de Iguala. Poco después, Apodaca fue relevado como virrey y en su lugar llegó Juan O'Donojú, quien sería el último virrey. O'Donojú comprendió que la causa hispánica ya estaba perdida y se suscribieron los Tratados de Córdoba, que dieron fin a la Guerra de Independencia y que reconocían la soberanía de México

viernes, 8 de febrero de 2013

Batalla de Camposanto 1743



8 de febrero de 1743.-



      Tiene lugar la batalla de Camposanto, en Lombardía, entre las tropas españolas de Felipe V, mandadas por el Teniente General D. Juan Gages, contra las tropas aliadas de Cerdeña y Austris.

     La batalla comenzó a las dos de la tarde, con el intercambio de disparos de artillería de una y otra parte. El ejército austrosardo comenzóa avanzar sobre la líunea española a paso lento, presentando en primera línea doce batallones, a su izquierda toda su caballería y a su derecha un número considerable de unidades croatas, ilirias y húngaras, con intención de hostigar el ala izquierda española.




Plano de la batalla de Camposanto.

     Hacia las cuatro de la tarde, el duque de Atrisco, que mandaba la caballería hispana, atacó con un solo escuadrón de Carabineros y otro de Dragones de la Reina a la caballería enemiga, que se componía de 19 escuadrones, rompiéndola enteramente. Pero al ver que volvían a formar los escuadrones deshechos, acudieron a socorrer al duque de Atrisco otros cuatro escuadrones de la derecha y de la izquierda y los tres de dradones de Sagunto, así, todos ellos mandadod por el duque volvieron a cargar sobre la caballería enemiga de nuevo, y de nuevo la volvieron a deshacer, pera esta vez la pusieron en fuga, persiguiéndola y causándole un considerable estrago entre los enemigos.

      El campo quedó cubierto de muertos, heridos y caballos sueltos, y les fueron tomados al enemigo ocho estandartes, dos pares de timbales y hechos prisioneros los Tenientes Generales Ciceri y Preqsberg, el Mariscal de Logis, 22 oficiales y un número considerable de soldados.



Warhammer que representa la batalla de Camposanto, en esta imagen la caballería española carga sobre la austríaca.

     Al ataque de la caballería siguió el de la infantería, marchando contra los enemigos el regimiento de Guardias Españolas, mandado por su Teniente Coronel, el Mariscal de Campo D. Nicolás de Carvajal y Lancaster, que fué recibido con tres descargas generales de fusilería enemiga, que aguantó y respondió con la suya, superando a la enemiga a pesar de que ésta era superior en número, disparaba a un mismo tiempo sus dos líneas y cargaba su artillería con metralla, lo que causaba mayor destrozo entre los españoles que la fusilería. A pesar de ello los españoles cargaron a la bayoneta contra las filas austríacas, con tanto ímpetu que muy pronto les hizo retroceder apoderándose de su artillería. en apoyo de las Guardias Españolas había acudido la Brigada de Irlanda, que se apoderó de dos banderas enemigas y el Regimiento de Flandes, que se incorporó por la izquierda.




Infantería española en acción.
 

      Se luchó con tal fuerza que la primera línea enemiga se puso en desorden, tirando algunos batallones las armar para huir hacia la población de Solara. La segunda línea austrosarda que entró de refresco, cargó contra las Guardias Españolas y los Regimientos de Iralanda y Flandes, pero estos, haciendo frente al enemigo con tranquilidad, retrocedieron en orden para dar lugar a que salieran otras Brigadas que las reforzasen, cosa que hizo el Regimiento de Infantería de la Reina, lanzando una descarga que puso en fuga a los aliados y haciendo que cesara el combate.

     Para entonces ya habían vuelto y ocupado de nuevo el sitio la caballería española, que intentaba flanquear a la infantería enemiga, sin poder conseguirlo por que ésta apoyaba su flanco izquierdo en un canal que no pudieron salvar nuestros jinetes. D. Juan Gages intentó ayudar a la caballería en su intento de flanqueo, e hizo avanzar del ala izquierda española a tres batallones de Guardias Valonas, pero en ese momento el enemigo comenzó a batirse en retirada. Se dió orden de perseguirlo, pero como eran más de las nueve de la noche, no se veía el camino y se ignoraba el que llevaban los enemigos, pues el humo y el polvo causaban mayor oscuridad, se creyó más conveniente hacer alto sobre el campo de batalla, distribuir aguardiente y pan a la tropa y esperar al día siguiente para tomar una decisión.

     Después de la retirada de los enemigos, no se vió ni oyó ningún fuego, solo algún disparo hecho por algunas unidades aislada que se había puesto en diferentes casas para cubrirse, pero fueron pronto desalojadas por la artillería española.






Uniformes del ejército español en Camposanto.





     Gages reunió sobre la medianoche a sus generales, y aunque alguno de ellos eran partidarios de buscar y destruis al enemigo, prevaleció la opinión de permanecer en el campo de batalla para atender a los heridos tanto nuestros como de los enemigos que se recogieron durante el combate.

      El número de bajas españolas fué de unos 1.600 y más de 4.500 las bajas del ejército austrosardo. A pesar de ello, la batalla de Camposanto quedó en tablas, por que aún cuando el ejército español llevó la iniciativa y el peso de la lucha no logró derrotar completamente al ejército austro sardo, que mantuvo sus posiciones iniciales y ningún ejército pudo sacar ventaja y provecho de tan sangrienta batalla. En general fué grande el valor del ejército español ante un enemigo mucho más numeroso, superiores al nuestro en dos tercios en caballería y en un tercio en infantería, aunque no fué preciso emplear toda nuestra infantería para ponerlos en fuga.

    






Las campañas de Italia durante los años 1743-1748
Escrito por Mª del Carmen Telendreras Gimeno.