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sábado, 17 de enero de 2015

Batalla de Puente de Calderón 1811



17 de enero de 1811.-

    Se produce la batalla del Puente de Calderón, victoria militar de los realistas sobre las fuerzas insurgentes mexicanas durante la Guerra de Independencia de México, librada por la posesión del Puente de Calderón, en el municipio de Zapotlanejo, a unos 60 kilómetros al este de Guadalajara, México.


Disposición de los dos ejércitos




       Combatieron en ella cerca de 100 000 insurgentes, comandados por Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo, contra apenas 6000 soldados realistas, dirigidos por el teniente general Félix María Calleja, Manuel de Flon, conde de la Cadena y ex intendente de Puebla -llamado "El Chacal de los Ojos Verdes"- y por el brigadier José de la Cruz. Como auxiliar de Calleja peleaba el coronel Manuel Emparán.

La victoria de las tropas realistas en la batalla del Puente de Calderón puso fin a la insurgencia del cura Hidalgo -que poco después sería capturado y fusilado-, constituyendo el último episodio bélico de la primera etapa de la Independencia de México, que se consumaría al cabo de diez años.


Grabado de la batalla.



    Abasolo y Allende organizaron en Guadalajara al ejército disponible, que tenía 3400 hombres entrenados y 1200 fusiles útiles. Se calcula que el resto eran unos 100 000 hombres sin orden ni preparación, de los cuales 20 000 eran jinetes, todos mal armados. Abasolo y Allende confiaban en el apoyo que podrían obtener de su artillería, formada por 95 cañones. Para suplir la falta de armamento, en Guadalajara construyeron cohetes con puntas metálicas y granadas de mano para ser lanzadas con hondas.

     Antes de la batalla, los jefes insurgentes discutieron sobre la estrategia. Hidalgo había decidido no presentar batalla dentro de la ciudad. Aceptando el parecer del cura, los insurgentes salieron de la ciudad entre el 14 al 16 de enero hasta el campo raso cercano al puente, donde acamparon la noche del 16 y entonan cantos religiosos. Según algunos autores, Hidalgo esperaba que al ver el número tan grande de insurgentes, Calleja desertara y se pasara al bando insurgente.
La mañana del 17, Hidalgo afirmó: "Hoy desayunaré en Puente de Calderón, comeré en Querétaro y cenaré en México". Después ordenó a Allende organizar al ejército de la siguiente manera; la artillería quedó bajo la dirección del general José Antonio Torres, la caballería fue encargada a Mariano Abasolo y las reservas las dirigió el propio Miguel Hidalgo; el General en jefe de la batalla fue Ignacio Allende.


El Puente de Calderón en la actualidad.


     La batalla comenzó y en principio los independentistas iban triunfando. A pesar de las diferencias de armamento, los rebeldes mexicanos estuvieron a punto de derrotar a las fuerzas virreinales. Sin embargo, los insurgentes se confundieron y desesperaron por la explosión de una granada española en las municiones mexicanas. Aquella explosión destruyó gran parte de la artillería mexicana, lo que en primera instancia redujo las pocas municiones insurgentes, causó pánico entre los soldados y creó un incendio que les impidió toda buena visibilidad sobre el enemigo, provocando una ola de desesperación y terror entre los insurgentes, que se dieron a la fuga. Los lealistas sacaron provecho de eso se dedicaron a perseguir al enemigo que huía abandonando hombres y pertrechos. La batalla terminó a las seis horas de haber comenzado.

     En el campo de batalla cayó Manuel de Flon, conde de la Cadena, quien fue intendente de Puebla, después de terminada la batalla por una flecha lanzada por el indígena Juan Terriquez, escondido detrás de un arbusto. Con ello, el movimiento de Hidalgo fue debilitado y posteriormente capturado y fusilado en Chihuahua.




El jefe insurgente cura Miguel Hidalgo y Costilla.



     Esta batalla marcó el final de la primera etapa de la guerra, caracterizada porque el lado insurgente luchaba con más pasión que estrategia. Las fuerzas insurgentes, que antes habían fusilado sin miramientos a españoles peninsulares, fueron devastadas y los eventos posteriores precipitarían la captura y condena de Hidalgo. Los insurgentes huyeron hacia el norte, y en la hacienda del Pabellón, Aguascalientes, Hidalgo fue despojado del mando militar en favor de Allende; pero en el resto del camino es tratado como prisionero por sus compañeros.


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