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sábado, 16 de mayo de 2015

Batalla de La Albuera 1811


16 de mayo de 1811.-


     Se libra  en torno al pueblo de La Albuera, en la provincia de Badajoz,  una de las batallas más sangrientas de la Guerra de la Independencia española. El ejército napoleónico del mariscal Soult contra el ejército aliado anglo-hispano-portugués comandado por el mariscal Beresford.


                                                   
                                                
 Mariscal Jean de Dieu soult, Duque de Dalmacia
                                              
                                       
 . Parte del ejército francés se encuentra sitiado en Badajoz, esperando los refuerzos del mariscal Soult que vienen desde Sevilla.
Las tropas aliadas (soldados ingleses, portugueses y españoles), compuestas por unos 30.000 infantes más 3600 hombres a caballo y comandadas por el general Beresford se desplazan desde Badajoz a La Albuera para esperar al ejército francés de Soult, formado por unos 20.000 infantes y una caballería de 4.500 unidades.


 General Jose Pascual de Zayas y Chacón, al mando de la 1ª División del Ejército Español.

      El 16 de mayo, a las 8 de la mañana, el mariscal Soult envía una pequeña parte de su ejército contra el centro y flanco izquierdo del ejército aliado, mientras que el grueso de las tropas francesas da un rodeo para atacar por sorpresa el flanco derecho del enemigo.Inesperadamente, un oficial prusiano que combate junto a los españoles, observa por azar mientras todos los anteojos dirigen su mirada hacia el frente y la izquierda que es donde se producen los primeros ataques, el brillo de las bayonetas de las columnas francesas en el flanco derecho medio ocultos por el frondoso bosque. Adelantándose a la colina, confirma este hecho viendo a las primeras columnas descender por el otro lado del Chicapierna.

Posiciones de los ejércitos enfrentados.


      Este hecho fortuito hace que las tropas españolas, que ya se habían puesto en movimiento, giren bruscamente hacia la derecha para hacer frente a los franceses comprediendo que la maniobra de Soult se ha transformado en una acción desbordante.
En este momento está la clave de la batalla, ya que los franceses esperaban coger desprevenido y completamente desprotegido el flanco, con el fin de arrollar las filas españolas, sin embargo estas ya estaban prácticamente formadas y listas para disparar.



Infantería española 


     Mientras esto ocurre, llegan refuerzos de infantería inglesa a la derecha de los españoles y de caballería por la izquierda, todo ello mientras cae una lluvia incesante de proyectiles de la artillería francesa. Como ocurriera antes, al llegar los franceses a una distancia de 50 o 60 metros la columna francesa se detiene y nuevamente les es imposible desplegarse bajo el fuego demoledor de la artillería española.

 Tan obcecados estaban los británicos en este lance que desprotegieron su flanco, lo que facilitó la entrada de una unidad de caballería de lanceros polacos que, entrando en las líneas inglesas, las deshicieron rápidamente capturando en poco tiempo a más de 800 soldados, amén de los heridos y muertos. 


Infantería británica batida en La Albuera.


     La embestida de los lanceros del Vístula es tan demoledora que, rompiendo las líneas enemigas, llegan rápidamente a la retaguardia española lo cual obliga a las líneas posteriores volverse para recibir a la caballería que se ha colado por detrás. De manera que tenemos a las primeras líneas españolas disparando a la infantería francesa y las posteriores dando la espalda a sus compañeros para combatir a los lanceros.
Al entrar los polacos en la retaguardia española, otra división inglesa que aguardaba tras ellos, viendo delante suya a los jinetes comienzan a disparar sin percatarse de que los españoles están delante de ellos, lo que produce que estos reciban un fuerte castigo no sólo de los lanceros sino además de fuego amigo.




Lanceros polacos del Vìstula,

     El humo generado tras las primeras descargas de la infantería junto con las malas condiciones atmosféricas propician la incursión de los húsares franceses y los lanceros polacos entre las líneas aliadas, pero finalmente son derrotados.
       En estas circunstancias se produce el ataque inglés. Seis batallones ingleses forman en línea para atacar  a las fuerzas imperiales mientras los españoles todavía combatían y poco a poco se van colocando delante de estos  “nos colocamos al instante delante dellos en orden de batalla, en medio de un fuego cruzado de fusilería mui vivo de un grueso cuerpo de infantería enemigo, cuyas primeras líneas se veían en lo alto de la colina” (relato de un oficial  del 57º Regimiento, Brigada Houghton).  El fuego era muy vivo, el avance inglés se efectúa con una temeridad y valentía cuando menos igual a la de los franceses en sus dos anteriores ataques, puesto que además de recibir el fuego de fusilería en una posición más baja, la artillería, que ni mucho menos ha sido eliminada, efectúa sobre ellos a corta distancia una matanza todavía mayor que la que hizo la caballería polaca.



Infantería británica atacando.


      Es en este avance británico donde se produce la matanza mayor, convirtiendo a la Albuera en la más sangrienta de las batallas napoleónicas, debida sobre todo a la inexperiencia de los oficiales británicos.
Animados sin duda por esta repentina victoria, se produce un nuevo ataque fracés a cargo de la Brigada Werlé que aún no ha combatido y que lo hace tan temerariamente como todos los anteriores: frontalmente.
      Los españoles del general Lardizabal vuelven a ocupar la primera línea cubriendo los huecos ingleses. También hace lo propio un grupo portugués que se coloca a la derecha. Pero ya en esta ocasión el ataque no tiene la misma fuerza y empuje de los precedentes. Los españoles le salen al encuentro y la muerte del general francés Werlé junto con gran cantidad de sus hombres hace que rápidamente el avance se detenga y vuelva sobre sus pasos precipitadamente, siendo atacados masivamente desde los flancos y desde el frente.


Infantería española de la División de Lardizábal.


     La posición de las tropas aliadas es ventajosa y rechazan una y otra vez los ataques de la valiente infantería francesa, que finalmente tiene que retirarse tras sufrir numerosas bajas.
    La retirada ordenada de las tropas de Soult y el apoyo de su feroz caballería impidieron que los aliados organizaran la persecución y tomaran más ventaja de esta batalla.
Cerca de 6.000 soldados aliados y 4.000 franceses murieron en la batalla de La Albuera. No hubo vencedores.
Soult esperó en Llerena la llegada de los refuerzos del mariscal Marmont, que venía desde Salamanca. Los dos mariscales llegan a Badajoz a finales de junio con unos 60.000 hombres, sin oposición por parte del ejército aliado, que desistió en su intento por tomar Badajoz.



Placa conmemorativa de la batalla


       Como resúmen podemos decir que si bien la actuación británica estuvo cargada de heroísmo y coraje, los tres ataques franceses fueron repelidos por los españoles, mal que les pese a muchos historiadores británicos, aunque es obvio pensar que la táctica española tampoco hubiese tenido éxito sin la colaboración británica empeñándose en la batalla como sólo ellos saben.



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