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viernes, 23 de noviembre de 2012

Batalla de Tudela 1808

23 de noviembre de 1808.-

    
      Noviembre de 1808 fue un mes aciago para las armas españolas tras las severas derrotas ante los franceses en las batallas de Burgos (Gamonal), Espinosa de los Monteros, Tudela y Somosierra.
Napoleón había decidido ocuparse de acabar con la resistencia española de una vez y afianzar en el trono de manera definitiva a su hermano José. Para ello preparó una gran ofensiva que borrara la humillación sufrida el 19 de julio en los campos de Bailén (Jaén), en los que el general Castaños obtuvo la capitulación de Dupont. Al saberlo el nuevo rey José, hermano de Napoleón, abandona precipitadamente Madrid hacia Burgos. Los franceses levantan el I Sitio de Zaragoza y el mariscal Moncey toma sólidas posiciones en Navarra.





 
 General Francisco Javier Castaños.



      El 3 de noviembre Napoleón llega a Bayona a la cabeza de 200.000 infantes y 50.000 caballos, divididos en 5 cuerpos de ejército. El emperador se dirige por Vitoria hacia Burgos.  

    La victoria de Bailén supuso el redescubrimiento del patriotismo por parte de los diputados navarros, que se dieron a la fuga en busca de las líneas del general Castaños. Castaños disponía de 26.000 hombres, de los que 3.000 eran de caballería, e inicialmente los distribuyó desde Logroño a Tudela en la orilla derecha del Ebro. Por encima de la otra margen del río operaba Palafox con 15.000 soldados que pusieron en fuga a tropas adversarias desde Nardués-Aldunate, en las estribaciones de Loiti, hasta Monreal.
     De forma progresiva los franceses bajaron hacia Logroño. En su camino limpiaron un puesto avanzado español establecido en Lerín, con un asedio que duró del 25 al 27 de octubre. La posición, defendida por los Tiradores de Cádiz, mandados por Juan de la Cruz Mourgeon, aguantó hasta agotar las municiones y en su capitulación recibieron honores militares. Castaños no tiene más remedio que acortar su línea defensiva en la que Tudela ocupará siempre la posición derecha.


 
Plano de la batalla.



      Bonaparte ordena que Lannes llegue a Lodosa para preparar las tropas y salir el 23 hacia Tudela. Jean Lannes, duque de Montebello, cumpliría las órdenes con adelanto sobre el calendario previsto.
La reunión preparatoria de la batalla tiene lugar la tarde del 22 en el palacio del marqués de San Adrián. Asisten Castaños, los dos hermanos Palafox, Coupigny y el coronel inglés Thomas Graham en calidad de observador, con la ausencia del conde de Montijo. El general José Palafox pretendía libertad de maniobra, no unir su suerte a la del Ejército del Centro y replegarse sobre Zaragoza para defender desde allí Aragón. Castaños sostenía que ambos Ejércitos deberían trabajar conjuntados y que en caso de repliegue habría de ser hacia el sur, a zonas costeras que permitieran recibir ayudas por mar de América e Inglaterra.  El mariscal Lannes pretende evitar que los españoles lleguen a volar el puente de Tudela, vital para las comunicaciones, el futuro asedio de Zaragoza y el tránsito a Madrid. Castaños ha de tomar disposiciones sobre la marcha.

     Lannes ha reparado en las alturas de Santa Quiteria, Cabezo Malla -donde hoy se levanta el Hospital Reina Sofía- y San Juan de Calchetas. La caballería de Lefebvre-Desnouettes conocía el terreno por haber luchado allí en junio. Al comenzar el ataque no dio tiempo siquiera a que llegase el otro gran contingente del IV Cuerpo, procedente de Corella, ni estaba dispuesto a esperar a Ney, que se había entretenido 48 horas en Soria capital.


 
Grabado coloreado francés que representa un momento de la batalla

    Cuando Castaños observa la maniobra francesa trata de contenerla con dos acciones. En la primera pide a Felipe Saint-March, lugarteniente de Palafox, que se apodere de Santa Quiteria, como hizo, y que Juan O Neille ocupe Cabezo Malla. En segundo término comunica a Lapeña que debe moverse desde Cascante hacia Tudela, y que Grimarest apoye desde Tarazona hacia Cascante.
     La posición de Lapeña en Cascante era sólida para la defensa, ya que tenía emplazadas 18 piezas de artillería. Pero con la caballería francesa en frente temía ser atacado de flanco si se desplazaba, con lo que se limitó a enviar dos batallones hacia Urzante.
Mientras, en Tarazona, Grimarest oye el tronar de los cañones pero sigue a la espera de la llegada de Ney y allí permanecerá hasta bien entrada la tarde.
    La línea española estaba sin cerrar en el centro y esa deficiencia terminaría por pagarse muy cara.
Cuando Lannes constata que no puede dominar las alturas en torno a Tudela busca en el recurso de la astucia lo que no encuentra en la fuerza. Así que fija el objetivo de impedir que Lapeña se aproxime al centro y trata de encaramarse a Santa Bárbara como sea. Lo conseguirá por un lugar que los españoles consideran inaccesible. Desde el barranco de el Cristo unos pocos hombres se deslizan por donde ahora discurre el ferrocarril Zaragoza-Pamplona, llegan a la acequia del molino de la Mejana, que circunda la ladera. Trepan con agilidad la escarpadura y sorprenden a los soldados levantinos de Roca, que temen verse rodeados y de los que se apodera el pánico. Eran las dos y media de la tarde y los soldados españoles comienzan a huir por la calles de Tudela.


 
El fin de la batalla.

   Los franceses aprovechan la sorpresa y toman con rapidez la ciudad y el puente intacto.
Ahora todo ha cambiado. Y para colmo de males la caballería de Lefebvre ataca decididamente Santa Quiteria. La derecha del ejército español, temiendo verse envuelta, se deshace. O`Neille y Saint-March tratan de replegarse lo más ordenadamente posible camino de Zaragoza.
´   Castaños decide, por su parte, que el ejército del Centro se retire hacia Borja y luego Calatayud. Cree que aún tiene una última oportunidad de marchar hacia Sigüenza para ayudar en la defensa de la capital. De camino sabrá que la resistencia de Benito San Juan en Somosierra ha sido rota por Napoleón. Por ello conducirá a sus hombres camino de Cuenca.
Mal que bien, Castaños consigue sacar con vida y fuera del frente de combate al 85% de los efectivos que enfrentaba a Lannes. La bajas españolas en Tudela se sitúan entre 3.000 y 3.300 (el 20% muertos y el 80% heridos) y unos 1.300 prisioneros. Por parte francesa se registraron 44 muertos y 513 heridos.

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