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martes, 19 de febrero de 2013

Asalto del fuerte de Sipac, Filipinas 1848.


19 de febrero de 1848.-


     Durante la campaña contra los piratas de Filipinas, se produce el asalto al fuerte de Sipac, principal punto fuerte de los piratas en la provincia filipina de Aklan.



Plano del fuerte de Sipac

      La expedición comenzó con la toma del fuerte de Balanguingui, otro reducto de piratas filipinos, conseguido el objetivo, la expedición española se concentró en la toma del fuerte de Sipac, mandando patrullas de reconocimiento a las inmediaciones de la fortaleza y comenzó la construcción de escalas para el asalto al fuerte. Cuando terminaron estoa preparativos el día 18 se comenzó el desembarco de las distintas unidades, principalmente Infantería de Marina, artillería y un destacamento de ingenieros, procediendose al desembarco en pequeñas balsas para evitar los arrecifes que había en la zona.


Isla de Balanguingui


    Según iban desembarcando las unidades, con el máximo sigilo que se podía, se fueron colocando en los emplazamientos que previamente habían dispuesto los exploradores para ellas, a unos 200 metros del objetivo, así mismo se colocaron varias baterías artilleras y se repartieron escalas y fajinas para el asalto.


Capitán General D. Narciso Clavería Zaldúa, conde de Manila.


      Las tropas permacerieron en sus posiciones hasta el amanecer, momento en que fué dada la señal de asalto por medio de la banda de música del Cuerpo, al oír los acordes comenzó el fuego de la artillería, que aunque fué nutrido y preciso no doblegó la resistencia de los piratas que resistían en los muros blandiendo sus armas y desafiando a los soldados españoles. Viendo la situación, el Capitán General  Narciso Clavería Zaldúa, acompañado por su Esrado Mayor y una escolta de infantes de marina, arengó a las tropas, exhortándoles a cumplir con su deber como se espera de los soldados españoles que eran y recordándoles las anteriores victorias. Finalizada la arenga con un sonoro ¡Viva España! se dió la orden de asalto general, orden que fué cumplida al instante, poniéndose a la vanguardia de la fuerza atacante las tropas de la Marina que voluntariamente habían solicitado tan honroso puesto.





Infantería de Marina española destacada en Filipinas.

     Se destacó en el asalto a la fortaleza el cabo primero de Infantería de Marina policarpio Montoya, que fué uno de los primeros en alcanzar los muros del fuerte, que pese a estar siendo cañoneado por la artillería desembarcada, así como la de la escuadra fondeada en la bahía resistía con ferocidad. Al final, el empuje y la valentía de la brigada de Marina, que se había ofrecido voluntaria para comenzar el asalto y los aliados zamboangeños, que demostraron gran valor y arrojo en el combate hicieron que el fuerte cayera en manos españolas.




Asalto español a fuerte Sipac.
 

     Los pocos enemigos que consiguieron escapar, fueron perseguidos por la compañía de Carabineros del 20 de Infantería ligera, pocos pudieron refugiarse en el fuerte de Sungap, separado del de Sipac por un estero. Se procedió a cerrar dicho reducto el cuál cayó también en poder de nuestras tropas algunos días después, huyendo los supervivientes hacia el interior de la jungla, aunque fueron perseguidos por una columna desde tierra mientras que una escuadra de embarcaciones pequeñas lo hacía por los esteros, acabando con la resistencia que los piratas ofrecían.



Piratas moros filipinos

    El botín que se recogió en el asalto fué numeroso, incluyendo un total de 106 piezas de artilería de todo calibre. La repercusión que tuvo la expedición a los reductos piratas fué tal que muchos sultanes se apresuraron a mandar emisarios para felicitar al Capitán General y renovar los tratados de paz con los españoles por miedo a represalias, ya que éstos protegían a los piratas y participaban del beneficio de sus botines.



Armadura empleada por los piratas filipinos y capturada por los españoles, conservada en el museo oriental de Valladolid.

La escuadra a su regreso al puerto de Manila fué aclamada por la multitud, ya que aunque durante la expedición se sufriron sensibles pérdidas, siendo unos doscientos treinta y siete entre muertos, heridos y contusos, se había devuelto a la libertad a trescientos cristianos prisioneros de los piratas moros.

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