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sábado, 25 de agosto de 2012

26 de agosto de 1580.-

       Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba derrota a las tropas portuguesas del pretendiente Antonio I de Portugal, en la freguesía de Alcântara, cerca de Lisboa, Portugal, dentro del contexto de la guerra de sucesión al trono de Portugal tras la muerte del rey Sebastián I de Portugal, sobrino del Rey Felipe II. 
      El ejército español reunido por Felipe II en Badajoz entró en Portugal por Elvas, con 35.000 hombres bajo el mando del capitán general Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba. Su hijo Fernando de Toledo, le acompañaba como su lugarteniente; Francés de Álava era general de la artillería con 22 piezas y Sancho Dávila era el maestre de campo general. Al mismo tiempo en Cádiz se formó una flota de 64 galeras, 21 naos y 9 fragatas, además de 63 chalupas, cuyo mando se encomendó a Álvaro de Bazán


Fernando Alvarez de Toledo, III Duque de Alba.

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     Las fuerzas españolas que estaban mandadas por el Gran Duque de Alba contaban con 18.000 hombres y 1.800 jinetes, pues los restantes se habían quedado repartidos en el camino asegurando las plazas tomadas.
El ejército portugués estaba formado por 25.000 de infantería y 2.500 de caballería, entre los cuales la mayoría eran hombres reclutados con prisa entre los campesinos y milicianos voluntarios. Francisco de Portugal, conde de Bimioso, era general de estas fuerzas junto con su tío Juan de Portugal, obispo de la Guarda. Diego López de Sequeira era general de las galeras; de las naos y galeones lo era Gaspar Brito.


Grabado de la batalla de Alcántara, 1580.


     Los dos ejércitos se encontraron a ambos lados del río Alcántara, a unos diez kilómetros al oeste de Lisboa. Los españoles, llegando desde el oeste, ocuparon la margen derecha del río, que a pesar de bajar seco por lo caluroso de la estación, suponía un obstáculo por lo empinado de sus taludes.
La batalla se inició con un intenso fuego de artillería por ambos bandos; los tercios españoles, tras dos intentos fallidos, consiguieron cruzar el río por el puente de Alcántara, cerca de la desembocadura, mientras Sancho Dávila con sus fuerzas conseguía atravesarlo río arriba. En el breve combate que siguió, las experimentadas tropas del Duque de Alba derrotaron a las portuguesas de don Antonio, obligándolas a retirarse en dirección a Lisboa. Don Antonio conseguiría escapar hacia el norte, en dirección a Coímbra y Oporto, acosado por Sancho Dávila.


Recreación de la batalla de Alcántara.

     El 25 de marzo de 1581 Felipe II de España fue coronado  rey de  Portugal  con el nombre de Felipe I .

25 de Agosto de 1898.-


     El dia de hoy, se registra la primera víctima mortal  del destacamento de 50 soldados del Batallón Expedicionario de Cazadores número 2 sitiado en Baler, en las Filipinas dentro de la guerra Hispanoyanqui de 1898. Este destacamento había combatido en Cavite y acababa de ocupar, el 7 de septiembre, la localidad de Aliaga, en Nueva Écija, a 80 km de Baler, hasta entonces en manos de los insurrectos. La víctima fué el padre Gómez Carreño, debilitado por un catarro intestinal y que falleció a causa de beriberi.

Plano de la iglesia de Baler donde permanecieron sitiados los españoles durante 337 días.

     Fue enterrado en el presbiterio de la iglesia donde se encontraba sitiado el destacamento. Ese mismo día tuvieron la primera noticia de la caída de Manila en manos estadounidenses. Se presentó en la iglesia Pedro Aragón, un vecino de Baler que había participado en el asedio al destacamento del teniente  Mota meses antes y que había sido prisionero de los españoles en Manila. Al caer la ciudad, fue liberado, volviendo a su pueblo, donde el comandante de las fuerzas sitiadoras le ordenó que hablase con el párroco para informarle de la caída de Manila y pedirle que convenciera a los soldados españoles de que se rindieran, sin conseguirlo.


Prisioneros de guerra españoles tras la caida de Manila.

     Llegó una carta escrita por el padre Gil Atienza, en la que les confirmaba las noticias sobre las rendiciones de las guarniciones españolas e intentaba hacerles ver que era inútil seguir resistiendo. Sin embargo los sitiados no dieron crédito al gobernador de Nueva Écija, ni al resto de informaciones recibidas, creyéndolos una treta de los filipinos.

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