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lunes, 27 de agosto de 2012

27 de Agosto de 1557.-


     Después de la batalla de San Quintín propiamente dicha, donde los ejércitos hispánicos obtuvieron una resonante victoria, los franceses continuaban resistinendo en la ciudad del mismo nombre. Los sitiados resistieron hasta el 27 de agosto, cuando una columna española, otra flamenca y una tercera inglesa asaltaron —con un duro cañoneo— varias brechas abiertas en la muralla.

Vista de la toma de San Quintín, de Tomás Munster.

      Los asaltantes pasaron a cuchillo a gran parte de la guarnición y capturaron también al almirante Coligny con varios nobles más. Felipe II dejó como guarnición al conde de Abresfem con 4.000 alemanes, regresando a Bruselas para la reunión de los Estados Generales.


Sala de Las Batallas en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, erigido para conmemorar la victopria en San Quintín.

     Al conocer el resultado de San Quintín, Felipe II se mostró apenado por no haber estado presente como él quería e informó a toda su familia, escribiendo a su padre Carlos I, retirado ya en el monasterio de Yuste. Seguidamente se acercó a felicitar al duque de Saboya, y decidió no atacar directamente París.



27 de Agosto de 1702.-


     La flota anglo-holandesa que  mandaban el almirante sir George Rooke y la holandesa el teniente almirante Philip van Almonde, aparecen en la Bahía de Cádiz el 24 de agosto, produciéndose el desembarco el 26 y la toma de Rota el 27.

Mapa de la Bahía de Cádiz en 1700.


     Desde meses antes de iniciarse la Guerra de Sucesión española, se venía organizando por los ingleses y holandeses una expedición que asentara un duro golpe sobre el tráfico comercial entre la península y las Indias. La declaración de guerra a mediados del mes de mayo de 1702 no hizo sino acelerar los preparativos, por lo que el 12 de julio la flota estaba dispuesta para partir hacia su objetivo, la expedición debería servir para apoderarse de algunas plazas del sur de la península. Por otro lado, ingleses y holandeses perseguían objetivos más prácticos y concreto. Así, se pensaba interceptar la flota que se sabía regresaba de las Indias y apoderarse de todo su cargamento.

  La armada aliada anglo-holandesa se componía por parte de la británica de 30 navíos, 6 fragatas, 2 corbetas, 5 bombardas con 2578 cañones y 9 brulotes 16440 hombres de tripulación y por parte holandesa, 20 navíos, 3 fragatas, 3 bombardas y 3 brulotes, con 1585 cañones y 10855 tripulantes. Además, se contabilizaban múltiples naves auxiliares. A ello habría que añadir el cuerpo expedicionario que actuaría en tierra.


Vista desde el fuerte de Puntales.

     Las fuerzas que se iban a oponer al ataque y desembarco del potente contingente angloholandés eran: una tropa regular compuesta por 150 hombres de infantería; una compañía de caballería con 30 efectivos; una guarnición de 300 hombres en Cádiz; las bisoñas milicias urbana de Cádiz, El Puerto y Jerez; y los posibles refuerzos, igualmente compañía de milicias, que llegaron desde las localidades sevillanas, 20 cañones de mediano calibre en el castillo de Santa Catalina, 18 piezas en el baluarte de Matagorda, 28 en el fuerte de Puntales. Estas tres fortificaciones contaban con sus propias guarniciones.
A todo esto había que añadir las fuerzas navales prescritas en la Bahía, que eran 6 galeras y 3 navíos españoles y 3 fragatas francesas.

Tras un bombardeo de la costa para acabar con los emplazamientos defensivos y evitar la llegada de tropas que dificultaran el asalto, las fuerzas aliadas se dirigieron hacía la villa de Rota, el 27 de agosto, el ejército angloholandés ocupaba la localidad roteña, y utilizaba su muelle para completar la operación de desembarco del grueso del cuerpo expedicionario; el siguiente objetivo lo constituía la ciudad de El Puerto de Santa María.


Los viejos galeones de Indias sirvieron por última vez a España.

    Los españoles usaron sus viejos galeones de Indias y frenaron en Matagorda el ataque gracias a sus defensas. Otras fuerzas hicieron una maniobra envolvente en el puente de Zuazo, donde intervinieron las galeras al mando de D. Pedro Gutiérrez de los Ríos, conde de Fernán Núñez, que con su preciso bombardeo los frena y se ven obligados a retirarse. Batidos en numerosos frentes y con cuantiosas bajas reembarcan abandonando el territorio español, aunque la flota aliada se mantuvo en aguas de la Bahía hasta el mes de Septiembre.

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